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viernes, 4 de noviembre de 2011

14

Fangbanger

“Cada vez que veo ‘Crepúsculo’ y miro a mi novio, me viene el bajón.”
“¡Fah! Un novio vampiro estaría de más.”


(conversación escuchada en el corredor del liceo)


O sea que, básicamente, mis alumnas están decepcionadas de que sus novios no sean peligrosas criaturas inmortales que ansíen beberse todo su torrente sanguíneo. Es más, si lo fueran, lo más probable es que felizmente les ofrecieran sus cuellos. ¿Qué dice eso acerca de las mujeres?

¿Pero saben lo peor? Si Ángel o Spike fueran reales, yo también sería una fangbanger. Toda la vida ;)



sábado, 31 de octubre de 2009

15

Noche de Brujas

Era noche de brujas, temprano aún. Seguramente en alguna parte, más acogedora, de la ciudad, los niños andarían disfrazados y riendo. La costumbre estadounidense de pedir caramelos puerta por puerta se estaba asentando en el país, y Leandro no lo veía mal; nada que trajera un poco de alegría estaba mal; además, era la noche más segura del año si a eso íbamos. En noche de brujas los espectros reales no salen, es su noche libre.

“Hola amor, ¿te puedo ayudar en algo?”

Leandro giró sorprendido, y sonrió. Bueno, quizás se había equivocado, quizás algún espectro que otro salía esa noche al fin y al cabo.

Había una mujer recostada en el umbral oscuro de una casa al parecer abandonada; la brasa ardiente de su cigarrillo iluminaba de luz ambarina su rostro cada vez que pitaba, con un ritmo extraño. Un poco más lejos, cerca del cordón, otra mujer se ofrecía a los autos que pasaban.

“Mis pies saben lo que quiero,” se dijo a sí mismo, y casi pudo sentir como la testosterona invadía sus venas; sin reflexión mediante, sus pies lo habían acercado a esa a esa calle, donde sabían que podría encontrar cierto alivio. Lo necesitaba; acababa de dejar a la mujer que lo obsesionaba en su casa sola otra vez, sin expectativas de cruzar ese otro umbral al menos por un tiempo; pero éste... éste sí podría.

Esos mismos pies se dirigieron a la mujer, y se detuvieron a pocos pasos. Ella se acercó también, alejándose de la puerta, y él pudo ver su sonrisa afilada a la luz de la calle; le había parecido joven y fresca en la distancia y el abrigo de la oscuridad, pero ahora Leandro apreció que demasiado maquillaje intentaba cubrir sus años, y sobre todo, la palidez extrema de su piel, y esos dientes... Era lo que había sospechado, estaba seguro ahora. Al poderoso cóctel de testosterona en su sangre, se agregó una medida de adrenalina.

“¿Ayudarme? Creo que sí, ¿pero cuál seria el precio, linda? ¿Mi torrente sanguíneo entero?”

La mujer abrió mucho los ojos, seguramente sorprendida de haber sido descubierta, pero se recuperó rápidamente. Tiró el cigarrillo y lo apagó con la punta de su zapato barato. “Bueno, podríamos llegar a un acuerdo, tipo un trueque... tú das un chiquito, yo doy un chiquito...”

Leandro sonrió y se le acercó aun más. “Querida, mi parte no sería tan chiquita,” bromeó mientras le tomaba la mano y se la besaba como un caballero burlón; el olor rancio de su piel no muy limpia y helada casi le provocó nauseas, pero sostuvo sus labios contra ella un segundo más de lo necesario. No le pareció raro estar considerando coger a una no-muerta vieja en un umbral oscuro, ni le pareció aún más extraño que estuviera más excitado con la idea de estaquearla con madera que con carne mientras la gozaba; solo sabía que necesitaba aliviar la necesidad imperiosa que sentía.

La vampiresa se rió en un intento de seducción, y se acercó tanto que Leandro pudo aspirar su perfume ordinario, y el olor a viejo detrás. Una mano acarició las solapas de su campera y la otra aleteó sobre sus jeans; Leandro empujó contra esa mano y sonrió. Ella se le pegó para susurrarle al oído: “buen material, señor, creo que podemos llegar a un arreglo.”

“Creo que sí,” repitió él, mientras intentaba besarle el cuello y no respirar al mismo tiempo.

Rápida como una serpiente se apretó contra él, acariciándolo con sus caderas en un movimiento insinuante, aunque tenía suficiente experiencia para saber que este cliente no necesitaba incentivos, para enseguida alejarse otra vez.

Con la sangre golpeándole en las sienes y otras partes de su anatomía, Leandro se estiró para alcanzarla, pero ella rió de nuevo, negando con su cabeza. “Paciencia, señor,” le dijo; luego lo tomó de la mano, abrió la puerta contra la que había estado parada y lo guió hacia una habitación vacía que solo contenía un colchón en un rincón. Allí, la prostituta se levantó la pollera que quería parecer gótica, probablemente una concesión a la fecha que vivían, y se acomodó para recibirlo.

Demasiado excitado para que sus dedos funcionaran bien, Leandro peleó contra la hebilla del cinturón mientras se arrodillaba entre sus piernas. Estaba a punto de dejarse caer sobre la mujer cuando sus manos tocaron sus muslos; la carne demasiado blanca, fría y floja se sintió casi como un animal muerto pudriéndose a la sombra. La imagen de la piel tostada de otra mujer le lleno la mente: piel tibia y suave que seguramente olía a algo agradable, como flores o mar; nada más distinto que esta criatura patética que lo esperaba.

De repente se sintió asqueado por el efecto de la vampiresa en él y la culpa y el disgusto lo invadieron. Leandro la miró por un largo momento, tan largo que ella abrió los ojos, interrogante, aunque volvió a sonreír al ver que finalmente descendía sobre ella; una sonrisa que se congeló en su cara cuando se dio cuenta de que en vez de clavarla con su cuerpo, el hombre le clavaba una estaca de madera en el pecho. No tuvo tiempo de nada más.

Cuando el polvo que había sido ella se aquietó, Leandro se paró, subió el cierre de su pantalón y abrochó el cinturón, al tiempo que sacudía la cabeza como para aclarar su mente, aturdido por lo que había pasado. Aturdido y sorprendido. Nunca se había sentido así; nunca había sentido esa lujuria tiránica y ciega, ni tanto disgusto, ni había pasado del disgusto al placer con tanta rapidez. Hasta esa noche había hecho sus rondas en forma casi distante: encontrar vampiros u otros indeseables y matarlos era su trabajo, ni más ni menos, no dejaba que sus emociones se involucraran. Pero hoy... hoy hubiera matado a la vampiresa después de usarla, y lastimarla también; hoy estaba entusiasmado: le había gustado matar.

Frotó sus manos contra los pantalones, como tratando de limpiar la suciedad que el contacto con la vampiresa había dejado en ellas; y por algún extraño motivo, ese simple roce lo estremeció, las palmas de sus manos estaban más sensibles, hormigueantes. Algo estaba mal; no estaba pensando claramente, no estaba actuando normalmente, no era él. Algo estaba mal, pero... ¡qué bien se sentía! Sonrió; en realidad estaba relajado y contento, casi eufórico, como si realmente hubiera tenido un clímax sexual; la verdad era que no sabía si se sentiría mejor si se hubiera derramado entre esos muslos laxos y helados de lo que se sentía ya. Estaba más vivo que nunca, y no había nada malo en eso.

Leandro se dirigió a la puerta y salió de la habitación que ya se le hacía sofocante. Tal vez tendría suerte y algún otro vampiro, espectro o demonio se había atrevido a salir en noche de brujas. Tal vez podría volver a disfrutar esa sensación. Con paso decidido y una alegría nueva al caminar, se alejó del lugar, y no escuchó –o no le importó– el grito aterrado que provenía de detrás de la puerta.

Dentro de la habitación, la otra puta gritaba; el cuerpo inerte de su compañera yacía aún abierto para su cliente, y la sangre ya empapaba el colchón.

lunes, 19 de octubre de 2009

6

Confusión

Confusa, se miró los dedos rotos y luego al ángel ceñudo que la acusaba desde el techo de la cripta violada. Quiso respirar y no pudo. Recién ahí se dio cuenta de que estaba muerta.

domingo, 9 de agosto de 2009

2

Rojo

Gruñe irritada, tiene hambre. Necesita acostumbrarse, lo sabe. Pero vivir muerta - aun con sus ventajas - arruina la estética de todo. A ella nunca le gustó el rojo.

sábado, 8 de agosto de 2009

0

True Blood

El Amigo insiste en que estoy más linda que antes, y cree que el motivo es que siempre estoy esperando que algo bueno pase, y esa espera me embellece… yo no voy a ponerme a discutir con él si estoy linda o no, disfruto el piropo y listo. Pero bueno, ahora debo estar preciosa, porque acabo de descubrir un canal nuevo en el cable, y en el momento en que lo sintonicé, justito, empezaba una serial de vampiros.

True Blood: All flavor. No bite.


No debe haber mucha gente que se ponga tan contenta si ve un vampiro, un zombie o un hombre lobo como yo (los de mentirita, por supuesto, que no se me acerque uno en una noche oscura). Y el que me discuta que encontrar un canal nuevo en el cable donde den seriales de vampiros no es algo bueno, no sabe ser feliz con las pequeñas cosas. Ni ser lindo, obvio.

El canal: HBO (ya sé, ya sé, pero mi cable es pésimo, y no tenía HBO. Increíble, ¿no? Seguro el que consideró que exageraba al ponerme contenta de tener un canal nuevo está reconsiderando su posición ahora) La serial: True Blood.

Dos minutos mirando True Blood y reconocí de qué se trataba, leí la novela en la que se basa hace un par de años (también soy adicta a las novelas de vampiros, para hacerlo, hacerlo bien). La serie de novelas, son varias en realidad, se llama ‘The Southern Vampire Mysteries’ de Charlaine Harris.

La premisa es simple, lo cual no quiere decir que la historia lo sea. Gracias a una nueva sangre artificial japonesa, True Blood, los vampiros pueden salir de su escondite de siglos e integrarse a la sociedad, o intentarlo al menos. La protagonista es una camarera telépata que se enamora de un vampiro ‘oscuro y misterioso’ - justo lo que me recomendó el doctor (que cliché, por dios, disculpen).

La novela me había gustado, aunque admito que leí la primera, ‘Dead until Dark’ , y no seguí con la serie, probablemente porque la tengo en formato e-book y leer en la pc me cansa. Los dos capítulos que vi de la serial me encantaron. Me pareció sexy e inteligente, y no me extraña ya que su productor es el mismo de ‘Six feet under’ otra Los amigos, no dejan a los amigos, beberse a sus amigos.serial que me perdí por no tener HBO, pero que estoy descargando y vengo disfrutando. La acción ocurre en un pueblo ficticio, Bon Temps, en Louisiana, y el ambiente del sur norteamericano me pareció muy palpable, incluso desde mis ojos latinoamericanos. La música me gustó también, la canción de la presentación – y la presentación – es genial: "Bad Things" de Jace Everett. El título es apropiado, ¿no?




lunes, 20 de octubre de 2008

5

Sueños húmedos

La mano le acarició la espalda, bajo el camisón. Ella protestó y la aparto de sí. Caprichosa, la mano se acercó nuevamente, esta vez alrededor de su nuca, acariciante, seductora, apartando su cabello largo. La otra se unió a las caricias, recorriendo su espalda, descendiendo en círculos hasta su cintura. Ella se estremeció y sonrió, pero mantuvo los ojos cerrados y disfrutó del in crescendo de sensaciones. Luego las sintió subir su camisón, salvando piernas, torso y brazos, apenas rozándola los dedos a su paso, hasta forcejear con su cabeza y arrojarlo a un lado. Escuchó el ruido sordo de la prenda al caer junto a la cama.

Ella continuó inmóvil, fingiendo dormir.

Sin barreras ya, la boca se unió a las zalamerías esmeradas de las manos, depositando pequeños besos en su espalda desnuda y caliente. Tuvo que morderse los labios para contener una respuesta, sus propias manos contraídas sobre las sábanas arrugadas, mientras las otras continuaban concentradas en la piel de su espalda, de la nuca a la cintura, en silencio, con suavidad. Cuando trató de girar para responder, incapaz de contenerse más, las manos se endurecieron y la mantuvieron boca abajo, con firmeza. Ella suspiró y se abandonó al juego otra vez.

“Amor,” susurró, “yo...”

La boca se acercó para callarla con un beso. Ella mordió, hambrienta, pero la otra se retiró antes de que pudiera retenerla. Frustrada, volvió a intentar girar, solo para que la detuvieran una vez más. Ella gimió en anticipación.

Finalmente, sintió el cuerpo tenderse sobre ella, y simplemente quedarse así, quieto. Ella recibió con gusto ese peso tan familiar, disfrutándolo por algunos segundos, antes de estirarse hacia atrás, intentando ceñirlo. Las manos la detuvieron, tomaron las suyas y las volvieron a la cama, seguras y fuertes. Lo sintió tomar impulso, antes de hacerlos rodar a ambos con un movimiento rápido hasta invertir sus posiciones. Ahora estaba debajo de ella, pero aún de espaldas. Ella rió, y abandonando ya toda farsa de sometimiento, se desligó de sus manos y volteó para enfrentarlo.

Estaba muy oscuro, solo el reflejo pálido de la luna en el espejo de la pared iluminaba débilmente la habitación, sin embargo, era suficiente para ver a su amante, suficiente para ver sus ojos queridos reluciendo ambarinos en una cara familiar, pero extrañamente deformada.

“Hola querida,” dijo él, y empezó a reír.

Ella gritó.

Sus propios gritos la despertaron. Acurrucada, escudándose en las sábanas apretadas contra su pecho, miró a su alrededor, ubicándose en el aquí y ahora. Inspiró profundamente, buscando calmarse, mientras se repetía que solo había sido un sueño, un sueño sumamente vívido, pero un sueño al fin.

Con una mano temblorosa, acarició el espacio vacío donde él había dormido hasta hacía tan poco, y sus ojos se abrieron aterrados cuando notaron que su brazo largo y delgado resaltaba moreno en su desnudez contra la palidez de las sábanas. Frenética, miró a su alrededor, hasta encontrar el bulto arrugado de su camisón en el piso, al lado de la cama. Volvió a gritar, y esta vez no se detuvo.

Del otro lado de la ciudad, el vampiro perdió la conexión con su presa, pero siguió riendo.

martes, 4 de diciembre de 2007

0

Wet dreams

The hand caressed her back, under the nightgown. Alessa protested and slapped it away. Stubbornly the hand moved again, this time around her nape, caressing, cajoling; moving her long hair away. The other hand moved along her spine, tracing little circles down to the small of her back. Alessa stirred and smiled. She kept her eyes closed though, and enjoyed the mounting feeling. Soon the mouth joined the hands on their job, and it started placing little kisses on her warm skin. She felt her nightgown being raised up her legs and past her arms and head.

Still she pretended to sleep.

Alessa felt him kneel by her side, and his hot breath on her skin; goose bumps formed in her back and arms. His hands continued their sweet cajoling and hers clamped on the wrinkled sheets. She bit her lip to refrain a moan as he kept on caressing and kissing her, from nape to waist, concentrating on the skin of her back, not saying a word. When she felt she couldn’t stand it any more and tried to turn around to respond to him, his hands turned strong and kept her face down. She sighed and gave way to the game.

“Chance,” she whispered, “I...”

“Shh,” he interrupted and leaned to silence her with a kiss. Her mouth bit his, hungry, but he retired before she could stop him. Frustrated, she tried to turn again, only to be stopped once more. “Not yet,” he said and she moaned again, in anticipation.

Finally, she felt him lie on top of her and just stay there. She welcomed his familiar weight on hers and smiled again, her arms stretching backwards to hold him. He took her hands in his and led them back towards the mattress, beneath her body. With a swift movement, he reversed their positions, now with him beneath her, but still not facing each other. Alessa laughed, and giving up any pretense, she leapt forward to disentangle from his hands, turning to face him.

It was very dark and only the moon’s silver reflection on the mirror on the wall faintly illuminated the room. However, it was enough to see her lover, enough to see the vampire's yellow eyes glowing on his face.

“Hello Alessandra,” he said, and started to laugh.

She cried.

Her screaming woke him. He jumped in confusion to find her sitting up in bed clutching the covers and screaming. Her eyes were open, but unfocused. He grabbed her shoulders and shook her, getting no response.

"Alessa! Wake up. It's just a dream." He shook a little harder and was surprised when he received a hard blow on his jaw. She jumped over him and they both fell to the floor, her fists still showering blows on his face. Trying to avoid her hands without hurting her, Chance grabbed her arms and tried to still the hysterical woman in his arms.

Alessa!!” he cried again, “Stop it, love! It’s me, it’s Chance!” But she didn’t hear him, she couldn’t hear him. Surprised, he noticed that she was naked and involuntarily he stirred. Annoyed with himself, Chance slapped her with a little more force than he had intended.

The blow was effective, though; Alessa stopped struggling and looked at him. He was relieved when sanity crept into her eyes and the screaming stopped.

“Chance?” she asked, and he nodded, a little shaky, letting go of her arms but uncertain of what to do next. He almost fell down on his back again when she threw herself into his arms, this time to hold him. “Oh, Chance!” Alessa closed her eyes, and buried her face against her lover's neck. The harder she tried to fight it, the harder she cried. Her entire body shook with each sob as she clung to him.

Chance wrapped her in his arms and held her tight as she cried. He didn’t tell her to stop. He hadn’t seen her cry like this in all the time they had been together. He just let her cry.

On the other side of the city, the vampire lost the connection with his prey, but he kept on laughing.

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