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martes, 22 de julio de 2014

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Memorias

Cuando los poetas quieren rememorar un amor escriben rimas, llenas de metáforas, hermosas o cursis, que intentan capturar esos recuerdos. O si sufren una gran pérdida, a los músicos se les da por componer piezas que emocionan al punto del llanto; los grandes chefs inventan recetas y logran sabores que despiertan pasiones. Los bailarines usan sus cuerpos y crean energía en lugares que, tal vez, antes sentían sin vida.

Me pregunto qué hago yo para plasmar mis recuerdos, porque demasiado seguido me encuentro tratando de recordar cosas que no debería haber olvidado. ¿Cómo es posible que alguien con tan buena memoria pueda olvidar el escalofrío de su primer beso, o el batir de alas de mariposa dentro de la panza al sentir el germen de sus hijas?


No recuerdo a mi madre leyéndome en la cama, o a mi padre enseñándome a nadar. Se me escapó el nombre del primer compañero que me hizo suspirar (aunque no sus ojos negros) y no creo que reconociera a mis amigas de la infancia si volviera en el tiempo, cual película de Disney.

Sí, claro; que esas cosas pasaron y puedo describir las sensaciones, pero eso es porque lo único que recuerdo es el relato o la descripción, y siempre me sentí a gusto con las palabras. Como un rostro querido que se congela en la expresión de esa fotografía que manoseamos desde su pérdida.

La memoria es selectiva, egoísta y acomodaticia. Es frustrante.

Alguien debería inventar el pensadero de Dumbledore.

lunes, 19 de mayo de 2014

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Dinos cómo eres...

Hace un tiempo estaba registrándome en un sitio nuevo y cuando llegué a la descripción personal me tranqué. El ítem exigía llenado, tenía el famoso asterisco de los campos obligatorios, y la consigna era: “Dinos cómo eres (320 caracteres máx.)” Generalmente esa parte no es obligatoria en los formularios, o si lo es, te da pautas de tipo: ‘intereses, libros favoritos, películas favoritas, etc.’ No le suelo prestar demasiada atención, pongo lo primero que me viene a la mente, y sigo adelante, pero esa vez no sé qué me pasó, me bloqueé y tuve que abandonar.

Todavía me ronda en la cabeza el tema. “Dinos cómo eres (320 caracteres máx.)” ¿Cómo puedo decirle a alguien cómo soy en 320 caracteres? Es absurdo. Es imposible resumir una persona en ese número ridículamente bajo de caracteres; somos demasiado complejos, contradictorios, absurdos y bellos para tan poca extensión.

Así que me puse a escribir, a ver cuántos caracteres me llevaba describirme... y creo que me salí un poquito de control, sorry. Pero bueno, ya que lo hice; aquí está.

Soy librana, lo cual no quiere decir nada, pero es una excelente excusa para ser indecisa y un poco condescendiente. También soy desordenada, fastidiosa, muy malhumorada y maleducada en ocasiones – perdón, "malaprendida" según mi mamá (ella dice que me educó bien). Tengo manía con los olores: limones y tabaco encabezan la lista; colecciono perfumes cítricos y jabones de limón, y huelo hombres que fuman cada vez que puedo, me encantan... a propósito, ¿mencioné que soy repetitiva? Adoro a mis hijas y a mi familia y a mis amigos. Abandoné el alcohol hace un par de años, aunque a veces me doy una licencia, y si me paso, pierdo el equilibrio pero no la cabeza, ergo, soy una borracha muy aburrida.

Me encantan los hombres y me encanta el sexo, pero me gusta vivir sola; adoro ser independiente, y gastar el dinero que gano solita en lo que se me ocurre sin dar cuentas a nadie, cocinar lo que se me antoja, y no planchar camisas XL ni mirar partidos de fútbol. Me fastidia que me toque, me bese o me abrace la gente que no es de mi circulo más intimo; y cuando estuve embarazada tenía un escudo invisible a mi alrededor, parecía la cinta de ‘no pasar’ que pone la policía alrededor de una escena de crimen: no soportaba que me tocaran la panza, que no era talismán de buena suerte. Me desagradan la playa, el sol y el calor, a pesar de vivir en un balneario. Soy casera; odio viajar, aunque me encanta llegar; me mareo en los ómnibus o los autos, a menos que maneje yo, y amo a mi madre por cederme el asiento delantero cuando viajo en su auto.

Me gusta dibujar, sobre todo caballos para mi hija Alessa, con largas crines y jinetas románticas montándolos; me gusta trabajar la arcilla y sacar fotos a mis hijas. Y me gusta leer. Adoro mi Kindle, y desde que lo compré, leo más que nunca. Los libros de vampiros me apasionan, y si los vampiros son románticos más todavía, sobre todo los de Joss Whedon.. Soy fan de Stephenie Meyer, aunque sus libros sean malos, porque me permitió discutir con Elisa sus vampiros que brillan al sol (¡qué horror!); y ahora me estoy enamorando de Amanda Hocking porque está haciendo lo mismo por Alessa con sus sirenas (esos las tengo que leer aun, así puedo comentarlas con ella). Me encanta ser madre, por más trabajo que dé. También me encanta ser mujer, pero desearía ser varón de vez en cuando, a ver cómo se ve el mundo desde sus ojos, cómo se sienten sus orgasmos o hacer pis parado. Me gustan las masitas de dulce de leche, la tortilla de papas y los chorizos al pan. Me encantan las frutillas y más si vienen con besos. Odio los mariscos y los remedios. Y las balanzas. Y mis cumpleaños, pero no mi torta de frutillas. Soy haragana, cómoda y no me gusta madrugar, pero me encanta mi trabajo y no haría ninguna otra cosa; me llena de satisfacción ver cuando mis alumnos entienden, y logran cosas, aunque a veces tiraría alguno por la ventana.

Como ama de casa dejo bastante que desear. No me gusta limpiar y venero a Gaby, la chica que me ayuda con la tarea; si pudiera le construía un altar y la llamaba Santa Gaby. Pero sí me gusta cocinar, sobre todo postres, y experimentar: adoro mezclar cosas y que salga algo comible y disfrutable; lamento la herencia genética de mi ex, que hace que mis hijas no prueben casi nada de lo que hago... Ahora que estoy a dieta, me saco las ganas de experimentar con recetas de bajas calorías, y mis tartas de verduras son muy elogiadas. No me gusta hacer dieta, pero lamentablemente tengo que hacer, aunque estoy muy contenta con los resultados. Abandoné la jardinería, porque las plantas de mi jardín son especies en extinción: o se las comen las hormigas o me olvido de regarlas, y entre mis defectos no está el de ser asesina, aunque ya se me murió un jazmín, como tres hibiscos y al menos media docena de hortensias. Me fastidian los perros, más ahora que tengo dos - odio las bolsas gigantes de Dog Chow, los pelos por todos lados y la baba en el water; pero soy gatera perdida, aulirófila creo que le llaman, y la cuenta de mininos era de seis la última vez que la me molesté en fijarme.

Soy complicada, cargosa, atropellada y mi imaginación dos por tres vuela; básicamente feliz y agradecida de lo que tengo, aunque no me molestaría ganar el 5 de Oro al menos una vez. Soy llorona, muy llorona, me gusta ver películas tristes sola, así puedo berrear como una Magdalena sin que nadie se ría de mí, o discutir chateando así ni se enteran y no lo usan en mi contra. Me gusta conversar con gente inteligente que desafía mis neuronas, y que mis mentadas neuronas no me dejen a pie si las necesito; me fastidia, me aburre y me impacienta la estupidez, sobre todo cuando está teñida de soberbia. No soy líder, ni me interesa, pero tampoco soy oveja, que de ovejas está lleno el mundo y ensucian mucho. Trato de no hacerle a nadie lo que no me gustaría que me hicieran (menos a las plantas, se ve) y me parece que seguir la ley del Talión de vez en cuando vendría bárbaro. Creo que que todo sea relativo es muy relativo, que decir que ‘solo sé que no sé nada’ es una apología a la ignorancia, que Voltaire tenía razón cuando defendía el derecho a la expresión y que creer que la vida da vueltas es casi como creer en Dios. A propósito: no creo en Dios, soy laica acérrima aunque me casé por la iglesia ¡gran garantía!

Estem... ¿cuántos caracteres van?

Por suerte existen sitios en la red que se dedican a contar caracteres en un texto, porque ni había llegado a los famosos 320 y ya me había cansado... según el contador de caracteres que usé: “el texto introducido contiene 978 palabras y 5313 caracteres.” ¡Mi dios!

Y eso que me dejé muchísimo afuera; por ejemplo no mencioné que me encantan los lectores que se molestan en leer toda esa diatriba desordenada y confusa, y que aún así, deciden seguir visitando mi blog...

viernes, 11 de abril de 2014

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¿Demasiada conectividad?

A Alessa se le ha antojado que quiere su propia laptop. Sería un tema a considerar si no fuera que ya hay cuatro computadoras portátiles en la casa, dos tablets y tres celulares con conexión a Internet... Mientras le contestaba que no, que no iba a comprarle su propia laptop por la simple razón de que hay más CPUs que gente en la casa, recordé que no hace tanto –apenas unos diez años– lloraba desconsoladamente porque se había roto mi PC y no tenía dinero para comprar otra.

Definitivamente, las cosas han cambiado mucho desde entonces, y todavía más desde que me empezaron a gustar estos aparatos desesperantes. Les cuento...

IBM PCjr y MicroSoftYa de niña estaba decidida a conocer cómo funcionaban las computadoras; supongo que mi afición por la ciencia ficción me provocaba tanto interés -soñaba con operar la Multivac, en fija.

Pero no era de extrañar, yo siempre fui medio rara: cuando tenía diez años aprendí macramé con mi abuela por si alguna vez naufragaba y necesitaba hacer cuerdas en una isla desierta, me sabía el alfabeto Morse y practicaba pasar tiempo sin respirar, mire si tenía que sobrevivir con poco oxígeno. A los doce redacté mi testamento por si me invitaban a subirme a un OVNI y me iba de casa. Lo sellé y al dárselo a mi madre le dije –con toda la solemnidad que me permitía mi corta edad– que no se preocupara si yo desaparecía, porque si me abducían, sería con mi consentimiento.

Así que apenas terminé el liceo me embarqué a estudiar programación, aunque todavía no tenía mi propia computadora.  De hecho, primera vez que me enfrenté a una fue en la Escuela de Informática, allá por 1986. La doña no tenía disco duro y había que cargarle el sistema operativo (DOS) con un disquete de 5 ¼, la pantalla era de fondo negro con letritas verdes y el teclado pesaba un kilo, pero no importaba, igual la encontraba maravillosa.

Algo aprendí de programación aunque no terminé la carrera; en el tercer año decidí que en realidad quería ser profesora de inglés y cometí el gran error de abandonar a solo dos exámenes de recibirme –creo que el tema es que me había resignado a que ya no sería abducida por ningún ET.

WYSIWYG en WordstarPasaron varios años antes de que pudiera tener mi propia PC, que fue una 386 con disco duro y pantalla en blanco y negro, descartada del estudio contable donde trabajaba medio horario como operadora mientras estudiaba el profesorado de inglés Por ese entonces pasaba cuatro horas por día ingresando datos en Lotus y escribiendo cartas en Wordstar, estaba casada y mi marido era tan loco por las compus como yo.

Ese fue el puntapié inicial; a partir de ahí fuimos mejorando los equipos y tratando de mantenernos más o menos al día. Más adelante llegó Internet, con conexión por teléfono, y se me abrió un mundo nuevo. ¡Resulta que había gente que también amaba a Buffy!! ¡Eran miles los fans de Tolkien!! ¡No era la única que conocía los dragones de Pern! Después vino la banda ancha, descubrí el MSN y role plays online, mi gran amor desde entonces.

En el 2004 me enrolé en un juego que abarcó continentes y años: LA by Night. Por ese juego conocí a un montón de gente -angloparlantes todos- que compartían las mismas locuras que yo, y con los que todavía tengo contacto.  Ellos fueron quienes me auxiliaron cuando se me rompió la computadora. Fue una mala época para mí, me acababa de separar y veía todo negro; mis amigos virtuales me vieron tan angustiada que se enternecieron y me ayudaron como pudieron: sin que lo supiera, hicieron una colecta y me enviaron el dinero para comprar otra PC. Increíble, ¿verdad? Todavía me emociono cuando lo recuerdo.

Más adelante el Plan Ceibal volvió a cambiar las cosas. Si no tienen idea de qué hablo, les cuento que es un proyecto socio-educativo uruguayo por el cual se le ha entregado a cada alumno y docente de la enseñanza pública una laptop con conexión a internet. Los equipos no son lo más, pero funcionan perfectamente bien, y hoy en día casi el 100% de los estudiantes de educación primaria y un alto porcentaje de secundaria cuentan con su propia computadora portátil gracias a este plan. También incluye la subvención y financiamiento de laptops y tablets convencionales a los docentes.  Gracias a este plan tuve mi primera laptop, una preciosura que usa Alessa hoy en día, ¡así que no necesita otra!!

¿A qué conclusión llego después de todo esto? A que aquí en casa tenemos cuatro computadoras portátiles, dos tablets y tres celulares con conexión a Internet... ¿no es una barbaridad? ¡Es demasiada conectividad!!

Parece mentira cuánto han cambiado las cosas en tan poco tiempo; habrá que ver con qué otras maravillas se descuelga este mundo de aquí en más... ¿Ustedes creen que al final llegarán los extraterrestres?

domingo, 30 de marzo de 2014

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Con faldas y a lo loco

Odio esos días en que salgo tan apurada de casa que que me debo haber olvidado de algo. Simplemente no hay manera de que pueda salir tan rápidamente sin dejar algo atrás.

Me he llegado a fijar si me puse la pollera antes de subirme al auto. ¿Será posible que pueda olvidarme de la ropa algún día? Hasta ahora no me ha pasado, pero nunca se sabe.

El otro día tuve que volver dos veces a casa en la mañana: una a buscar mi almuerzo y otra por unos papeles que debía presentar para la venta de mi casa... suerte tenía la pollera puesta.


Supongo que habrá gente más despistada que yo, pero a veces lo dudo.



(Aunque confieso que podré salir sin faldas, pero nunca sin maquillaje :)

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