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lunes, 22 de julio de 2024

1

El fin del mundo II

Cuatro años demoramos en llegar al fin del mundo. Cuatro años de travesía, casi ochenta de vida, y unos mil doscientos de recuerdos (total, ¿quién le iba a discutir si la Tía Yoyó se puso un vestido violeta en el bautismo de Susana o no? ¿O si usó varios?¿O si la bautizaron varias veces?). 


Pero al final el barco encalló en el cerro, a los pies de una Virgencita que mira la bahía desde una selva de rosales. Y el día, frío y húmedo, acompañó en sentimiento, mostrándonos el paisaje a través de un cristal esmerilado. 


Yo solo espero – con mis aciertos y mis errores, y todo mi amor y poca paciencia – haber sido una compañera más o menos decente para enfrentar los dragones en el camino.




viernes, 24 de mayo de 2019

1

Cuatro letras

Si me preguntaran cuándo empezó todo, yo les diría que no fue un momento, sino una letra la que nos juntó. Allá por el '82 estaban todas las ves juntas, por esa manía que tienen los profesores de sentar a los alumnos por lista, entonces y hoy en día. Porque seguro los chicos se van a portar mejor si los clasifican, como si fuera imposible que las ves se llevaran bien, tanto o mejor que todas las áes, las haches y las zetas entreveradas.

Entonces, ahí estaba la letra en cuestión: Vidoni, Vieira, Vilche y Vomero, sentaditas una atrás de la otra. Y como las filas iban y venían, también había una a y una ce, de Alayón y Chiappara, coladas en el mismo sector. Claro que ninguna estaba más colada que yo, con mi ele de López, que me negaba a separarme de mi mejor amiga, aunque eso significara rebelarme contra el sistema –y mi propio apellido. Tal como la piedra de Sísifo, cada vez que me mandaban a mi lugar, de alguna manera volvía a rodar hasta las ves.

Y así fue como empezó, por un capricho del alfabeto. Hace 37 años éramos cuatro letras. Ahora somos una sola palabra: amigas.

domingo, 10 de enero de 2016

7

Adolescente literata

“Mamá, ¿qué es una insuficiencia cardíaca?”
“Es cuando una persona tiene problemas en el corazón.”
“¿Y cuáles son los síntomas?”
“Bueno, depende; a veces puede tener dolor en el pecho, o el corazón puede ir muy rápido, o muy despacio, o a veces el ritmo varía… ¿Para qué querés saber, te pasa algo?”
“No. Es que quiero matar a mi protagonista y pensé en que le diera un ataque al corazón.”

Pasado el microsegundo en el que pensé que mi hija tenía problemas cardíacos, me di cuenta de lo poco que sabía sobre las enfermedades del corazón y le recomendé que buscara en Wikipedia; para así informarse bien y decidir qué tipo de afección quería que sufriera su pobre creación, mientras me preguntaba qué habría hecho para merecer su muerte.

Porque desde hace un par de años, Alessa escribe. Y escribe, y escribe. Lleva varios “libros” (las comillas no subestiman, es solo que ella le llama libros a historias más o menos cortas) publicados en Wattpad, una aplicación justamente para leer y escribir.

No es raro verla sumergida en su tablet o teléfono en pleno proceso creativo, y de vez en cuando haciéndome alguna pregunta: “¿cómo es que se le dice a eso que hacen para resucitar a la gente?” “¿cómo describirías este vestido, mamá?” “¿qué idioma hablan en Sudáfrica?” “Qué quiere decir CTI?”


Y si no está escribiendo, está leyendo -horas y horas de lectura- o mirando series de TV, o animes en la computadora. Es fanática de ‘Teen Wolf’, ‘Death Note’  y ‘Batman’. Le encantan las novelas llenas de licántropos, sirenas y vampiros adolescentes; shippea a Larry Stylinson (o sea, fantasea con un romance entre Louis y Harry, miembros de One Direction), está enamorada de Dylan O’Brien, y dice que no va a tener novio porque sus compañeros son muy aburridos.

“Yo quiero aventuras, mamá. Un hombre lobo o un vampiro. Que no me vengan con invitaciones al baile o a ir a la rambla; la literatura me ha arruinado,” me dice, mientras los ojos verdes, grandes como los de un insecto nocturno, le chispean en la cara, y me muestra los dientes cubiertos de brackets en una sonrisa bandida que va de oreja a oreja.

Alessa es malhumorada, graciosa y ocurrente, y la inteligencia le burbujea debajo de una muy estudiada -y conveniente- distracción. Como buena Leonina, quiere manejar la casa, y siempre se queda con la última palabra (aunque sea “sí, mamá”). Tiene la risa y el llanto fácil -lo que se hereda, no se roba- ¿y ya dije que era malhumorada? Eso tampoco lo robó, pero me supera ampliamente.

Está en esa edad en que todo es un quemo: no deja que la bese en público (pero cuando estamos solas parece un gatito mimoso) y se avergüenza si me oye gritar (o sea, siempre). Vive en su mundo; se aísla en su cuarto, escucha música demasiado fuerte, y lee hasta que amanece.

Se parece tanto a mí a esa edad que me asombra. Mi dios, ¡cómo quiero a esa niña!

martes, 1 de diciembre de 2015

9

Ella está bien

Afortunadamente, y aparentemente, se acabaron los peores meses de mi vida. Nunca había estado tan asustada, ni tan superada, como este último tiempo. Tener un hijo enfermo es de lo peor que puede pasarle a alguien, y que ese estado se prolongue, es de lo más desgastante.

Como he dicho alguna vez por este medio, mi hija mayor es complicada; tiene la mala costumbre de somatizar sus problemas en estados de salud más o menos delicados. Nunca es nada demasiado grave, ni demasiado peligroso, pero sí constante. Como esa tortura china de la gota en la cabeza, ¿vieron?

Hasta que, como buena bomba de relojería, al final explota, y la lleva a disfrutar de la hospitalidad hospitalaria, valga la redundancia, por más de una semana, incluidos dos días en cuidados intensivos.

Ahora ya está en casa otra vez, disfrutando de su salud de nuevo, porque Elisa se mejoró casi en un 100%, sin mucha explicación de qué era lo que tenía, ni qué es lo que la está curando.

No sabemos si es que dejó un tratamiento que podía estar causándole efectos secundarios, si es que la nueva medicación que está tomando le está haciendo bien, o si simplemente se llevó un susto de muerte y decidió mejorar solita. O las tres.

Como sea, ella está bien. [#suspiro]

El tema ahora soy yo. Será que todavía estoy muy cansada, o a lo mejor estoy tratando de abarcar demasiadas cosas a la vez, y -a pesar del apoyo incondicional de mi familia y amigos [#vivanlasredesdeseguridad]- a veces siento que me estiro demasiado, como cuando tratás de untar poca manteca en una tostada muy grande.

Una no elige los golpes que le da la vida, pero sí como responder a ellos. Mis hijas son mi prioridad, pero si no me cuido a mí misma, poco puedo cuidarlas a ellas. Siento que necesito un cambio, pero no sé bien qué, ni cómo; aunque tener la certeza de que tengo que hacer algo ya es un principio, ¿no?

Despacito y por las piedras. Hasta en este asunto de los cambios, la práctica hace al maestro.

sábado, 14 de febrero de 2015

4

Otra Tarta Mousse de Maracuyá

A pesar de lo dicho en mi entrada anterior, desde que tengo memoria, los 14 de febrero fueron el día de mi padre, hasta que hace diecisiete años, mi sobrina Eliana vino a robarle el cumpleaños (dicho por él). Así que en mi familia los 14 de febrero no hay Valentines ni enamorados, hay Pepes y Elianas, mucho más cercanos, reales y, sobre todo, queridos.

Siguiendo mi costumbre, en los días de sus cumpleaños trato de agasajar a mis seres queridos con un postre de su elección. Mi padre no pidió nada; él dice que no es dulcero, pero no deja de probar todos y cada uno de mis postres, y no deja nunca ni una miguita, ja. Sin embargo Eliana, que evidentemente se conoce mejor, me pidió su preferida: una Tarta de Maracuyá.

Hace un par de años publiqué una receta de tarta de maracuyá, pero es bastante complicada, así que esta vez quise experimentar con otra versión, y quedó espectacular.

Por si tienen ganas de probar hacerla, porque la verdad es mucho más fácil (creo que lo más complejo es conseguir el jugo de maracuyá), se las dejo para que se inspiren y regalen a alguien querido también.

Tarta Mousse de Maracuyá

Tarta: Mezclar 50 gr manteca, ¼ taza azúcar, 1 huevo, ½ cta ralladura de limón, 1 ½ taza harina, 1 cta royal, ¼ cta sal.

Si tienen una procesadora grande, poner los ingredientes en ese orden y preparar la masa allí, queda súper suave y homogénea (se puede agregar un chorrito de líquido si ven que fuerzan mucho la máquina). Una vez lista, forrar una tartera enmantecada y llevar a la heladera una media hora (esto es para que la masa no se encoja en el horno) antes de hornearla.  Hornear hasta que esté dorada y reservar.

O pueden comprar una masa de tarta en el Súper y saltarse un paso en la preparación, si les soy sincera, es lo que yo hice ;)

Relleno: Batir 3 yemas con ½ taza azúcar; cuando la yemada esté bien armada, agregar 1 cucharada de maicena y 2 sobres de gelatina sin sabor. Mezclar todo y agregar 2 tazas de jugo de maracuyá (si consiguen jugo de maracuyá sin endulzar, del tipo concentrado, es mejor; en ese caso pongan 1 taza de jugo y 1 taza de agua). Llevar la mezcla a fuego lento hasta que apenas hierva y espese (¡cuidado que no se les vuelque!). Retirar y esperar a que esté frío pero no coagulado.

Por último, batir 3 claras a nieve con ¾ taza de azúcar. A este merengue agregarle con movimientos suaves la mezcla de maracuyá. Verter sobre la masa previamente horneada y llevar a la heladera.

Cuando la mezcla anterior se haya cuajado, se puede cubrir con gelatina de maracuyá, no es imprescindible pero queda rico y bonito.

Gelatina de maracuyá: Mezclar 1 taza de jugo de maracuyá con 1 sobrecito de gelatina sin sabor, llevar al fuego y calentar hasta que la gelatina se mezcle bien, retirar del fuego y agregar otra taza más de jugo frío. Verter con cuidado sobre el mousse y volver a llevar a la heladera. 

Decorar con merengue italiano. 


Tiene buena pinta, ¿verdad? ¡Vamos a ver qué dicen los agasajados esta noche!

martes, 30 de diciembre de 2014

4

Y entonces llegó Gaspar

Yo solía odiar a las personas que visten a sus mascotas. Para mí estaban categorizadas en el mismo escalón que aquellos que escriben manifiestos de despecho en Facebook, o peor aún, los que deslumbran a sus vecinos con flamencos rosado flúo en el jardín.

Y entonces llegó Gaspar.

No soy una dog-person, ustedes lo saben. Es más, me reconozco aulirófila perdida, y si algo tienen los gatos es su renuencia a cualquier tipo de vestimenta, adorno o judeada; como mucho el clásico collar con cascabel. No hay nada más triste que ver un gato vestido. Pobre bicho.

Pero los perros son diferentes. Son seres lameculos, literal y metafóricamente, y se dejan (los gatos nunca ‘se dejan’, como mucho, ‘dejan’). Así que la gente que viste a sus perros se merecería ir al primer círculo del infierno, por desafiar a dios.

Pero claro, entonces llegó Gaspar. Y la navidad. Y Elisa. ¡Y miren en lo que me he convertido! Una dueña de perro guaranga que disfraza a su mascota y le saca fotos… increíble. ¡Al limbo conmigo!



Ya mismo estoy abriendo la página de MercadoLibre. A ver dónde puedo conseguir un par de flamencos rosados para mi jardín.



lunes, 9 de diciembre de 2013

4

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

A veces me he preguntado cómo sería la vida si uno pudiera borrar parte de sus recuerdos a voluntad. Algo doloroso, como una relación fallida, o algo muy placentero, como esa novela maravillosa que querríamos volver a descubrir. Evidentemente, el director Michel Gondry y el guionista Charlie Kaufman se hicieron la misma pregunta, y, siendo cineastas, terminaron sus elucubraciones con una película extraña pero fascinante: “Eternal sunshine of the spotless mind” ("Eterno resplandor de una mente sin recuerdos").

En esta película Clementine (Kate Winslet) borra todos sus recuerdos de Joel (Jim Carrey), su exnovio, porque siente que ya no puede con él y desea sacarlo de su corazón y de su vida definitivamente. Cuando éste descubre que Clementine no lo reconoce, decide borrar su memoria también, pero durante el proceso de limpieza se da cuenta de que no puede seguir adelante: ama demasiado a Clementine y no quiere dejarla ir. Sin embargo, ya es tarde, el proceso ya comenzó y no puede revertirse, y aunque él se resista, que lo hace, cuando despierte habrá olvidado a Clementine, como si nunca la hubiera conocido.

Ver esta película fue casi como experimentar un déjà vu, ¿quién no ha deseado olvidarse de alguna cosa particularmente desagradable o dolorosa? Cuando una relación acaba mal, desearíamos nunca haber conocido a esa persona para así no sufrir tanto. Déjà vu. Cuando me separé, lo único que deseaba era que dejara de doler, y tal vez si me hubieran ofrecido esa amnesia selectiva, hubiera dicho que sí. Menos mal que el proceso no existe, porque tomando un poco de distancia, seguramente me hubiera arrepentido como Joel. Otro déjà vu, en flash forward esta vez.

Los recuerdos, buenos o malos, felices o tristes, son nuestros, y ese pasado nos hizo lo que somos hoy. No creo que se puedan valorar los buenos momentos si no se viven los malos; no quiero ponerme cursi con eso de que no habría luz sin tinieblas, pero imagino que la cosa funciona más o menos así.

Por lo pronto, sin mi ex, no existirían mis niñas -probablemente habría otras, pero no éstas, y éstas son mis niñas. Además, ¿se imaginan qué lío si me despertara sin ningún recuerdo de su padre o cómo las concebí? ¿Tendría delirios de Virgen María? Resulta bastante inquietante, la verdad. Definitivamente, ver “Eternal sunshine of a spotless mind” puso las cosas en perspectiva y respondió algunas preguntas.

Por cierto, Joel y Clementine vuelven a conocerse al final de la película (o principio... ya sé, es complicado) y se enamoran otra vez. Déjenme decirles que esa parte no provocó ningún tipo de déjà vu, por suerte.




How happy is the blameless vestal’s lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray’r accepted, and each wish resign’d.

Eloisa to Abelard
Alexander Pope



¡Cuán feliz es el destino de las inocentes vestales!
Olvidando el mundo, por el mundo olvidadas.
¡Eterno resplandor de la mente sin recuerdos!
Aceptada cada plegaria, y abandonado cada deseo.




(Pssstt! Esta entrada la publiqué originalmente en marzo del 2010, pero me pareció que se adecuaba perfectamente al momento que estoy pasando en mi vida, por eso la refloté. Pocos de los que me siguen leyendo hoy en día, lo hicieron en su momento, así que no creo que le moleste a nadie  J )

lunes, 2 de septiembre de 2013

6

A veces

A veces me parece que el mundo es solo para mí. Que no hay nadie más; que todo, todo, todo, es en mi beneficio. Hay momentos que, a medida que ocurren, sé que me pertenecen exclusivamente a mí.

Soy la única en darse cuenta de que el sol atraviesa la ventana a la altura justa del crochet de la cortina para reflejarse en brillante diseño sobre la pared de la estufa, o que el aire tiene una calidez tan perfecta que casi se puede tocar.

Nadie más registra la cadencia de la respiración de mi hija mayor al irse durmiendo tirada en el sofá, a mi lado, o el verde bosque de los ojos de la menor, con sus chispitas marrones y picardía al mirarme. Son solo mías.

Mi casa

El crepitar de las llamas, el aroma de mi café, la tranquilidad de la tarde: todo eso es solo mío.

A veces siento que la felicidad me rebasa, que se acumula en la habitación y se derrama por el umbral, escapando a los tumbos por los escalones y llegando al jardín.



Tal vez por eso mi jazmín siempre florece.

lunes, 18 de junio de 2012

21

De manos de una abuela

Quiero cuentos, historietas y novelas
pero no las que andan a botón.
Yo las quiero de la mano de una abuela
que me las lea en camisón.

"Marcha de Osías"
María Elena Walsh


Llueve, estoy en la cama, tengo los pies congelados y extraño los calcetines de dormir que me tejía mi abuela. Me compré un calienta camas y hasta lo bauticé como a Harrison Ford, pero no es lo mismo; aquellos calcetines de lana tenían calidez incorporada. Estoy como el osito Osías, solo que, en vez de cuentos, yo quiero tibieza de las manos de mi abuela, no de la que anda a botón (perdón, Harry, pero es así).

Aunque, shhh, no digan nada: tengo un par guardado y sin uso. Mi abuela ya no puede tejerme calcetines para dormir –o teje, pero no me los puede mandar desde donde está– así que mientras haya un par sin estrenar en el cajón, puedo imaginar que me los regaló ayer.


Ya sé que ese tipo de pensamiento mágico no tiene mucho asidero, pero entibia el alma, si no los pies.

viernes, 25 de mayo de 2012

13

Aristogato

"En la alta sociedad
soy muy popular
porque sé tomar el té
y mi meñique arquear."
'Tomas O'Malley' 
Los Aristogatos

Xander es mi gato nuevo. Ya les he dicho en reiteradas ocasiones que adopto gatos, pero nunca había adoptado un aristogato antes. La cosa es que encontramos un hermoso y elegante gato siamés perdido en el pueblo; tenía collar, cascabel y ojitos azules bizcos, y mis hijas se enamoraron de él con solo verlo. Como seguramente también tenía un dueño desolado, después de acordar que lo devolveríamos si lo reclamaban, nos lo trajimos para casa. Pero bueno, un mes -y avisos en Facebook y veterinarias locales- después, creo que ya podemos decir que Xander es nuestro.

¿No es hermoso? Si hubiera sido gata, le ponía Duquesa; de Tomas O'Malley no tiene nada.


Xander el aristogato

sábado, 18 de febrero de 2012

54

De nombres y casas

Yo creo que son muy importantes los nombres; como llamamos a alguien o a algo, lo afectará toda la vida. Y no estoy hablando de temas místicos como la numerología o la cábala, sino simplemente a que si le ponés ‘Kali’, ‘Roy Rogers’ o ‘Tesoro’ a un niño (tres nombres que supieron tener sendos alumnos), lo estás condenando a muchas burlas a la hora del recreo.

What's in a name? That which we call a rose
By any other name would smell as sweet.”
~William Shakespeare, Romeo and Juliet


En mi ciudad, es tradicional ponerle nombre a las casas, en vez de números. Y no sé si alguna vez lo han pensado, pero ponerle nombre a una casa es casi tan complicado como ponerle nombre a un niño; supongo que porque en cierta forma, cuando construimos una casa, ésta también se convierte en nuestra criatura.

Mi casa es una cabaña de madera, así que le puse “Huacalli” que significa ‘cajón’ o ‘cesta’ en náhuatl (justo estaba leyendo una novela mexicana que traía un glosario de vocablos náhuatl y sus equivalentes en español, y me enamoré de esa palabra); si la hubieran visto en plena construcción, hubieran dicho que nombre más apropiado no existía, porque mientras no le pusieron el techo, realmente parecía un cajón de madera.




Cuando mis padres construyeron su criatura –una preciosa casa rosada y azul que mira el mar desde uno de los cerros que rodean mi ciudad– mi madre estaba muy ilusionada con la elección del nombre: debía ser un nombre sonoro y significativo (era importante que cumpliera esos dos requisitos), digno de su nueva casa.

Mamá y yo somos muy parecidas: cuando tenemos un proyecto es difícil que no nos entusiasmemos y pongamos muchas energías en lograrlo (solo que ella es más constante que yo, así que su porcentaje de concreciones es mayor); así que desempolvó todos sus diccionarios: el de la RAE, los de sinónimos y antónimos y hasta los de portugués, francés e italiano (inglés no, creo que se moría antes de ponerle un nombre en inglés). Al final, después de mucho buscar, se decidió por:

cimbel.

(Del cat. cimbell, y este del lat. vulg. *cymbellum, dim. del lat. cymbălum, especie de platillos, por alus. a la campanilla empleada como señuelo).


1. m. Cordel que se ata a la punta del cimillo, donde se pone el ave que sirve de señuelo para cazar otras.

2. m. Ave o figura de ella que se emplea con dicho objeto.


Real Academia Española © Todos los derechos reservados

O sea que, básicamente, Cimbel significa ‘señuelo’. Estarán de acuerdo con que es un nombre sonoro y significativo -es una palabra armoniosa y su sentido es apropiado: la casa sería tan bonita que te invitaría como un señuelo. Y lo hace, doy fe; ojalá pudieran conocerla.


El trabajo de semanas de investigación había dado sus frutos: la casa se llamaría ‘Cimbel’. Mi madre estaba contenta.


El tema es que cuando por fin le comunicó a mi padre la elección del nombre, papá pensó un poquito, miró la casa -que ya estaba casi pronta y solitaria en su cerro- y dijo:

“Cimbel... Cim-bel... Cima bella. Me gusta.”

Mamá casi se muere.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

16

Paranoica

Mi hija empezó un blog hace un tiempito. Está precioso: lindo diseño, buenas imágenes, muchas entradas típicamente adolescentes, y un montón de faltas de ortografía... Pero bueno, ¡está escribiendo! Así que ni ahí me quejo; que logre poner sus ideas y emociones sobre papel –o pantalla en este caso– es un aprendizaje en sí mismo.

El tema es que ahora entiendo a mi madre cuando me pregunta: “¿¡Vas a escribir sobre esto!?” Ufa, de pronto me siento bastante más paranoica de lo normal.paranoica

Gurisita insoportable, ¡siempre sabe cómo tenerme en ascuas!!

jueves, 15 de diciembre de 2011

14

Multitud

Conocen el dicho: "eramos pocos y parió la abuela"? Bueno, esa es mi nueva frase de vida: se me agrandó la familia, aunque no por culpa de la abuela.

Hace dos meses mi gata Flor tuvo tres gatitos. Un poquito después, Eli encontró una cachorrita terbal –ter(reno)bal(dío)– abandonada, y logró convencerme de adoptarla. Por fin, unas semanas atrás descubrí otra gatita -totalmente blanca, igual a Merengue, mi primer minino- y me enamoré, así que me la traje. Resumiendo, el último conteo de animales en mi casa es de cinco gatos, dos perros, dos niñas y una mujer... o sea: una multitud.

Se los presento: tenemos a Han, Leia y Luke (no me pidan que los diferencie, todavía no puedo hacerlo, aunque Alessa sí) y Merengue Jr. (totalmente identificable, ¿no?). ¿A que no son una monada?

















Flor, la veterana de la casa, demostró ser toda una madraza y adoptó a la huérfana:










Y por fin, la nueva perrita es Kira y el peludo es Jacob . Y sí, los cánidos son de Elisa... se nota, ¿no?










De las niñas y de mí no pongo fotos... somos animales conocidos ya :)

martes, 8 de noviembre de 2011

20

Indagaciones

Esta mañana, mientras cepillaba el pelo demasiado largo de Alessa para ir a la escuela (creo que quiere competir con Rapunzel), se me ocurrió hacer algunas indagaciones discretas...

“Vi un libro de animales muy lindo el otro día, ¿le gustará a tu primo?”
“Claro, pero el cumple de Bruno ya pasó.”
“Ya sé, pero a lo mejor para regalo de Navidad...”
“Pero mamá, ¡si de eso se ocupan Papá Noel y los Reyes!”

Su respuesta fue lapidaria, pero maté dos pájaros de un tiro: ya sé qué dejarle a mi sobrino en el arbolito y que mi hija sigue creyendo en sus seres mágicos a pesar de sus 10 añitos.


Y no, no se está haciendo la viva para seguir recibiendo regalitos, está convencida, ¡le hubieran visto la cara!

miércoles, 31 de agosto de 2011

25

Blade Runner

Era domingo, tenía 14 años y estaba obsesionada con ‘Blade Runner’. La pasaban en un cine chiquitito y no muy bueno, y ninguna de mis amigas –bastante más clásicas que yo en materia de gustos– tenía el menor interés en verla. Todavía era lo bastante chica como para lagrimear de decepción, y mi padre, que tenía dos empleos en esa época y solo descansaba la tarde de los domingos, se enterneció y decidió acompañarme. Fue una tarde increíble; todavía me recuerdo, sentada en esa sala con olor a humedad, mirando una de las mejores películas de ciencia ficción de todos los tiempos, y escuchando los ronquidos suaves de papá durmiendo su siesta dominical desde la butaca contigua.

Años después, cuando se estrenó the director’s cut del clásico, yo estaba por casarme, y a pesar de las emociones lógicas de una novia, seguía obsesionada con Blade Runner. El tema es que me casé un viernes, y el sábado a la noche estaba sentada en el cine con mi flamante esposo, viendo la nueva versión de la película. Mi ex –que evidentemente estaba muy enamorado– no se durmió como papá, pero estuvo muy cerca.

Blade RunnerUstedes dirán, ¿a qué viene todo esto? Es que leyendo esta excelente entrada en el blog del Solitario de Providence me vino a la cabeza como dos de los hombres más importantes de mi vida me acompañaron en mi frikismo y se durmieron a mi lado... o casi.

Me pregunto qué pasará con el próximo, ¿podré contar con que Ridley Scott siga sacando versiones de Blade Runner para probar su cariño o me tendré que resignar a perder ese barómetro?



"Memories! You're talking about memories!"
Blade Runner, 1982

miércoles, 20 de julio de 2011

20

Quince años

Dicen que lo prometido es deuda, y como yo siempre pago mis deudas, aquí les pongo algunas fotos de mi nena vestida de quince. El fotógrafo se tardó seis meses (sí, leyeron bien, seis meses) para entregarnos las fotos, ergo la demora. quince años

Pero bueno, las fotos están preciosas así que se lo supo disculpar. De la niña no voy a decir que parecía una princesita o que ya es una mujer o cualquiera de esas cursilerías, prefiero que las imágenes hablen por sí mismas (mi dios, que hipócrita -y babosa- que soy).



Quince años

el brindis
15 velas
el vals
el vals
Quince años

viernes, 31 de diciembre de 2010

11

El Ratón Pérez es un ratón de laboratorio

Anoche me reconcilié totalmente con la Navidad. Por favor no me digan incoherente, porque seguramente cuando les explique por qué me van a entender (aunque siguen sin gustarme los villancicos, las decoraciones y los especiales navideños).

Elisa festejó fin de año invitando amigas a un pijama party tecnológico (tecnológico porque gran parte de la noche se la pasaron cada una con su netbook chateando con amigos, ¡e incluso entre ellas! Increíble.) Por este motivo, Alessandra fue totalmente exiliada del dormitorio de su hermana y tuvo que venir al mío en busca de calor humano.

A mí me encantan esos momentos en la cama con mis hijas, debe haber algo en la oscuridad, la posición y el calorcito compartido que las remonta a espacios uterinos y les afloja la lengua, porque es donde he disfrutado de las mejores conversaciones con ellas. Impagables algunas.

Así es que, después de quejarse amargamente de las injusticias de la vida –como que ella tenga 9 años, su hermana y sus amigas 15, y que por lo tanto no le permitan compartir espacios – Alessa me salió con el siguiente diálogo:

“Me siento observada. Siempre me están observando.”

“Claro que siempre te están observando, mamá y papá te observan, porque te cuidan, así sabemos dónde estás y cómo.”

“No, no,” protestó. “No por ustedes; me siento observada por Papá Noel. Siempre está mirando si me porto bien o mal; me siento observada.”

Conteniéndome para no reírme, puesto que el tono de voz y el asunto eran muy serios, le respondí que sí, que eso era lo que tenía Papá Noel, pero que bueno, también le dejaba regalos, así que valía la pena. Con eso tuvo que estar de acuerdo, pero después siguió:

“Es que también me observan los reyes magos, y esos son tres. Hay un montón de gente mirando. Decime, mamá, ¿hay alguien más que me observe?”

Yo pensé un poquito y le dije: “está el Ratón Pérez, ese te observa para saber cuándo perdés los dientes y poder dejarte plata.”

Ella asintió en la oscuridad y se quedó callada unos segundos. “Para mí que el Ratón Pérez es un ratón de laboratorio. De esos de los experimentos, por eso habla.”

“Ah sí, es probable,” le contesté, y no se imaginan el trabajo que me dio que esa respuesta sonara lo suficientemente seria. Evidentemente mi hija ve demasiada televisión, y yo también, porque ya me estaba imaginando un Ratón Pérez blanco y cabezón, algo así como una versión uruguaya de Pinky y Cerebro.

“El Ratón Pérez, Papá Noel, los Reyes Magos...” enumeró ella, y le veía la silueta de sus deditos mientras contaba. “Son cinco... ¡Cuántos seres mágicos hay en el mundo! ¿Verdad, mamá?”

¿Cómo no voy a amar la Navidad –o su magia, al menos– después de eso? ¡Que siga habiendo 'seres mágicos' por un buen rato!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

10

¡Salió todo bien!

Qué vergüenza, casi un mes atrás dije que volvería pronto, y no lo hice. Eso casi se parece a mentir (cosa que hago seguido, pero no sin motivos). El tema es que esta vez no tengo motivos… ya terminé las clases, corregí todas las pruebas, hice promedios, cerré libretas (para los ajenos al gremio: instrumentos de tortura diseñados por no-docentes para que los sí-docentes registremos evaluaciones, planificaciones y desarrollos de los cursos), pero sobre todo, ya pasó el cumpleaños y... ¡nada! ¡Sigo en estado naranja!

No hay excusas, así que aquí estoy, trying to make amends...

El cumpleaños salió precioso. Lo único lamentable fue que mi suegra se indispuso justo esa tarde, y no pudo ir a la fiesta, pobre abuela, algo imposible de recuperar. Por suerte se puso bien a los pocos días.

Aparte de eso – que no es poca cosa, ya sé – todo anduvo a la perfección, como un mecanismo bien engrasado (y más valía, nos pasamos como seis meses engrasándolo para que así ocurriera). La quinceañera estaba hermosa, el servicio fue bueno y abundante, la música divertida, la banda cantó lindo, los invitados pasaron bien, y yo no lloré nadita (eso fue lo más meritorio). Pero sobre todo, Elisa estaba feliz, disfrutó su cumpleaños más que todos los demás juntos.

fiesta de quince

(estaba hermosa, ¿verdad? Prometo colgar alguna foto mejor cuando reciba las 'oficiales')



Saben, recién al leer los comentarios de mis amigos españoles me di cuenta de que la celebración de los quince años no se festejaba en España. Mi ignorancia en el tema me había hecho creer que era una celebración de origen español, como casi todas las que observamos que no son por motivos religiosos. Por supuesto eso picó mi curiosidad, así que investigué un poco y me sorprendí bastante.

Al parecer la celebración de los quince años en una mujer tiene varios orígenes, pero el consenso general parece ser que el origen primario fue una ceremonia proveniente de las culturas precolombinas mexicanas, que se mezcló luego con las tradiciones europeas de los conquistadores:



La “Quinceañera” es una gran celebración en la vida de una muchacha latina. Al cumplir quince años, la comunidad reconoce el pasaje de niña a mujer. La celebración se originó en la tradición azteca y tolteca en México.

En estas culturas, al llegar a la fecha de quince años, las jóvenes salían de la familia a la escuela “telpochcalli”, donde aprendían la historia y tradiciones de su cultura y se preparaban para el matrimonio. Luego, regresaban a la comunidad y se les celebraba la fiesta de quince años.

Con la conquista, los aztecas perdieron mucho de su cultura. Los españoles, que eran católicos, incluyeron en la tradición indígena la inserción de una misa. En el siglo XIX, el Emperador de México, Maximiliano, y su esposa Carlota, introdujeron el vals, los vestidos, y su importancia en la vida social
a la Quinceañera.


Hoy en día la fiesta de quince se celebra prácticamente en toda Latinoamérica y en las comunidades latinas de Estados Unidos, y su contenido religioso varía dependiendo del lugar. Debo decirles que Uruguay es un país muy laico, por lo que la iglesia raramente aparece en esta celebración: generalmente no hay misas, ni bendiciones, ni siquiera una crucecita...

Pero sí tenemos el vestido blanco, el vals, el brindis y la ceremonia de las velas, y sobre todo, este ‘rito de pasaje’, totalmente simbólico, de niña a Negritamujer.


Mi dios, ¡qué vieja estoy!

jueves, 18 de noviembre de 2010

13

Cumpleaños

Qué puedo decir? Esto del cumpleaños de Elisa está afectando mi tiempo de crear/escribir/publicar… pero ¿saben qué? Es este sábado, así que pueden imaginarse cómo ando: muy, muy, muy ocupada, pero por suerte prontito estaré muy, muy, muy desocupada.

Claro, es cierto que dejé la mayoría de las cosas para el final, pero bueno, yo funciono mejor así: bajo presión. Mi hija está como loca, mi ex está como loco, mis padres están como locos, y hasta mis compañeras de trabajo están como locas (no sé por qué, será de verme sin apuro, ellas no tienen que hacer nada igual)… y yo re tranquila, si igual sé que todo va a estar pronto en tiempo y forma, ¿para qué alterarme? Definitivamente, yo no soy una mujer 'Maitena'.

Pero voy bien. Ya hice y entregué todas las tarjetas. Terminé los 72 cNegritaentros de mesa y los 180 souvenirs (que quedaron preciosos, dicho sea de paso), falta ponerles las tarjetitas nomás; lo único que no está hecho es la decoración de la mesa de la torta, pero eso es fácil y rápido. Bueno, y el salón, pero eso será el sábado recién. No es tanto, ¿verdad?

Ya está pagado el salón, contratada la confitería, elegida la música para el DJ, el fotógrafo ya sabe cuándo y dónde estar, la ropa de todas está lista y colgada esperando usarse, el turno en la peluquería reservado, ¡y hasta he hecho dieta el último mes!

Es como cuando les enseño Present Perfect a mis alumnos y ejercitamos el already y el yet:

  • I already hired the band, but I haven’t decorated the ballroom yet.
  • I already got the dress, but I haven’t had my hair cut yet.
  • I already made the souvenirs, but I haven’t attached the greeting cards yet…

Y ta, se acabaron los todavías, todo lo demás son yas, así que no me preocupo. Una vez pasado el cumple volveré con más novedades -y alguna foto de la quinceañera. Prometido.




Ah, y ésta es la tarjeta, ¿está linda, no?

sábado, 30 de octubre de 2010

11

Mamás 'Gene Kelly'

Hay algo que deberían saber sobre mí. No soy divertida. No lo digo como algo malo... creo que la gente cuando conversa conmigo no se aburre, así que ‘aburrida’ tampoco soy. Pero bueno, ‘divertida’ no es mi estilo.

No tengo risa argentina, ni cascabeles en los pies. No puedo cantar, no bailo bien, y si algún día me olvido de la mecánica del sexo (dios no lo permita), seguro termino célibe, porque nunca supe andar en bicicleta.

Así que si necesitan que alguien les anime una fiesta, o se las organice nomás, ya vayan pensando en el plan B.

Hace unos días, mirando tele, me puse a pensar en lo poco que me parezco a esas mamás activas y sonrientes de las películas. Saben a cuáles me refiero, ¿no? Esas mamás que corren y juegan con sus hijos; que los llevan al fútbol y gritan los goles como desaforadas, y hacen muchas galletitas con chispas de chocolate y meriendas compartidas. Esas. Singing in the RainYo las llamo mamás ‘Gene Kelly’, siempre bailando y cantando, pero sin resfrío.

Pensé que si me convirtiera en una mamá de esas, seguramente mis hijas vivirían en un coma-divertido el resto de sus vidas, y me sentí culpable. Muy. Por unos cinco segundos.

Porque esas no soy yo. Yo soy Ana, y soy un montón de cosas buenas aparte de no-divertida. Y me gusto: no quiero cambiar – mucho menos genekellizarme. Mis hijas me quieren así como soy (ya están acostumbradas, pobrecitas), y no las veo muy infelices, de cualquier manera.

Soy mamá Ana. Me leí toda la saga ‘Crepúsculo’ para poder discutirla con Elisa, y Stephenie Meyer apesta. Miro ‘Drake & Josh’ con Alessa y todos los capítulos son repetidos. Eso cuenta, ¿no? (que me guste leer y mirar televisión es secundario). Adopto gatos y soporto perros. Y les hago papas fritas.

En fin, yo soy yo. Qué alivio.

Así que... ¿ustedes qué son? ¿Padres Gene Kelly o Ana? ¿O tal vez algún término medio? Pero lo más importante, y esto va para los padres y no padres, ¿están conformes con quiénes son?

Honestamente, espero que sí.




“Trust yourself. Think for yourself. Act for yourself.
Speak for yourself. Be yourself. Imitation is suicide.”

Marva Collins

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