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jueves, 29 de abril de 2010

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Lee mis labios. . .

"Is that a new lipstick shade or are you just happy to see me..."


Lo que es la ciencia. Acabo de descubrir que los genios de la industria cosmética/química han creado un labial que cambia de color. Pero no cambia de color al azar, no, el desfachatado cambia de color dependiendo del grado de excitación sexual de la usuaria. ¿Pueden creerlo?

El labial “Mood Swing” (cambio de humor) detecta las variaciones en la ‘receptividad’ de la mujer; supuestamente pasa de transparente a rojo intenso dependiendo de nuestras emociones, ya que, según los inventores, reacciona frente a los cambios químicos en nuestro cuerpo (¡ay las hormonas! bicho traicionero si los hay).

Lo peor del tema es que “Mood Swing” viene, además, con una cartilla de colores para que los hombres nos puedan leer correctamente y sepan qué tan calientes estamos... mi dios, si llego a estar con un hombre que no se dé cuenta solito de eso, me suicido, pero no por él, sino por mi falta de criterio al elegirlo.

Si seguimos así las mujeres vamos a tener que tatuarnos un punteo de las zonas erógenas en nuestro cuerpo, y entregarle a nuestra pareja una hoja de instrucciones al momento del amor: “masajee el trayecto A-B diez segundos, luego aplique presión al punto C sin dejar el movimiento anterior cinco segundos más...”

Honestamente, no le veo la ventaja a algo como esto, aunque funcionara tal como lo anuncian. A mí me encanta que me seduzcan, si revelo mi juego muy pronto, pierde la gracia. Díganme, ¿ustedes mostrarían sus cartas tan fácilmente?

lunes, 19 de abril de 2010

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El futuro de las compras (o comprar sin sufrir)

Odio ir de compras. Sé que soy una mujer atípica en eso, pero no hay caso, no me gusta comprar ropa. Detesto que me pregunten qué deseo si no me dirigí a una vendedora antes, me da vergüenza bajar media docena de estanterías para después decir que volveré más tarde, me molesta que traten de venderme cosas que no me interesan y me fastidia terriblemente que me acosen cuando solo estoy mirando. ¿Malhumorada yo? Naaa.

Ahora, si pasado todo ese agotador proceso logro encontrar algo que me guste, o me parezca que puede quedarme bien, aparece un nuevo problema: el probador. Los probadores son el instrumento de tortura por definición, absolutamente inevitables y sobrevividos con mucho esfuerzo; en su mayoría diminutos cubículos con apenas una tela entre el mundo exterior y mi desnudez y un espejo embrujado que nunca me muestra la Ana que desearía ver (no sé por qué, la del otro lado siempre es muuucho más gorda que yo; embrujado, mismo).

Por eso me encantó este video que me mandaron por mail (gracias Estrella) y se los traje para que lo disfrutaran conmigo:



La única utopía de ese video es que yo sea flaquita como la compradora, todo lo demás es realidad o realidad próxima-futura, pero bien tangible, ¿no?

Yo quiero comprar así, ¿y ustedes?

sábado, 3 de abril de 2010

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Compartiendo premios

Me gustan los premios, ¿a quién no? Hoy me llevé la sorpresa de que Bea, de Vinividivinvi, me eligiera para seguir una cadena de un premio que ella recibió... eso es casi como si yo también resultara premiada, ¿verdad? Muchas gracias, Bea, por la distinción.

Bueno, veamos, según Bea, el premio viene con instrucciones:

Hay que cumplir dos premisas:

1. Dejad en vuestro blog una cita creada por ustedes
2. Pasadlo a otros blogs amigos


Así que acá me pongo a cumplir mi parte de la ecuación:


"El amor es como el olor de la lluvia en el aire, no sabes muy bien cómo lo reconoces, pero estás segura de que está ahí."



La segunda parte se la paso a todos los blogs que sigo. ¡Felicitaciones también!




Editando: Bueno, como los elegidos no se dan por aludidos, aquí va una lista:
Vanessa, Eme, Alcorze, S.Cid, Sonia, Perikiyo, Pedro Escudero, Lady Marmalade... ¡y los demás blogs que sigo!!

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Gina

Esta es Gina, tiene poco más de dos meses y la encontramos en la playa, solita, así que la adoptamos. Desde hace unos días, decidió que su lugar preferido es entre mis brazos cuando estoy sentada ante la laptop; no sé si le gusta el ruidito de las teclas, o el calorcito de mis tetas, pero siempre viene y se acomoda ahí. Lo que sí sé es que a mí me gusta el sonido de su ronroneo y la suavidad tibia de su piel.

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