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sábado, 27 de julio de 2019

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Feliz cumpleaños, Alessa

Querida Alessa:

Parece mentira, pero hoy cumplís 18 años. Con tu hermana -siempre pronta- ya están planificando idas al casino y tatuajes familiares. Como lo mío es esto, yo pensé en escribirte una carta.

No me voy a poner a darte consejos, porque sería repetir lo que le dije a tu hermana en su momento (igual no te vendría mal leerlos). Tampoco quisiera caer en clichés maternales de que parece que fue ayer, cómo voló el tiempo, o cuán grande estás, pero bueno, todo eso es verdad. El tiempo voló, ya sos casi adulta, y realmente parece que fue ayer.

Recuerdo el día en que naciste, y la cara de tu abuelo cuando te vio por primera vez. “Es hermosa,” dijo suavecito, y te acaricio la mejilla – que ya se adivinaba casi transparente – con un dedo. Vos tenías los ojos muy abiertos, y aceptaste el cumplido como una reina. Y en ese momento se me fueron todas las dudas absurdas que había tenido hasta entonces; dudas sobre si iba a poder quererte tanto como a tu hermana, porque en mi total ignorancia, yo creía que el amor era finito y que mi cuota ya estaba asignada. Pero tal como cuando nació Elisa, mi amor por vos fue instantáneo, absoluto e incondicional. Creo que me creció un segundo corazón solo para vos.

Y acá estás, dieciocho años después, y te sigo queriendo tanto – o más – que entonces, porque ahora te conozco, y me gustás. La verdad es que me llena de orgullo la mujer en la que te estás convirtiendo. Sos apasionada y divertida, malhumorada, perseverante y original, dispuesta a enfrentarte al mundo por tus ideales (aunque no te animes a ir a la cochera de noche) y siempre dueña de la última palabra. Y cuando me miras con esos ojos enormes, los mismos con que miraste a tu abuelo, me veo en ellos.

No puedo esperar a ver lo que te depara la vida, ¡o lo que vos le tenés preparado a ella! De cualquier manera, va a ser un viaje espectacular, y espero seguir compartiéndolo contigo por muchos cumpleaños más.

Felices dieciocho, mi amor.



Mamá







PD: siempre vas a ser mi gatito.

PD2: hoy es día impar.



sábado, 13 de abril de 2019

11

Diario tercerizado

¿Cuando vas a volver a publicar en tu blog?"

Pregunta reiterada de Alessa, muy preocupada al respecto. Después de varias respuestas de: "cuando tenga ganas, amor," fue mi turno de preguntarle por qué quería que volviera a escribir.

"Y si no, ¿cómo me voy a acordar de las cosas que hacía cuando era chica?"

Me hizo reir. Resulta que EriSada funciona como una suerte de diario tercerizado para que mi hija no olvide su niñez/adolescencia. Si es así, la pobre no va a tener muchos recuerdos de los últimos tres o cuatro años, pero me niego a sentirme culpable; ella bien puede escribir el propio, ¿no?

La cosa es que transamos en que al menos registraría esta inquietud suya de desear recordar las cosas "que hacía cuando era chica", incluyendo el querer que las registrara aquí.

Como soy buena madre, estoy cumpliendo mi parte del trato. Como no soy buena negociante, no sé cuál es la de ella.

sábado, 1 de octubre de 2016

0

Destino manifiesto

Hay momentos que quedan grabados para siempre, como tatuajes en el alma. No son demasiados, si lo fueran perderían fuerza, pero son los suficientes para saber que uno ha vivido, y vivido bien.

Mis hijas están creciendo. Una ya no vive conmigo, y la otra volará en pocos años, por eso atesoro cada momento de cotidianeidad que comparto con ella como lo que es, invaluable.

Ahora la miro, dormida a mi lado en el sofá, y me recuerdo sentada en este mismo lugar, tan claramente como si hubiera sido ayer.

Cansada de mamar, con la cabecita apoyada en el hueco de mi brazo, los ojos cerrados y la curva de una sonrisa borracha de leche asomándole en los labios, Alessa duerme. Una manito se escapa del rebozo, y sus deditos se extienden como rayitos de sol, antes de abrocharse alrededor de mi pulgar.

Recuerdo mirarla entonces y pensar lo mismo que ahora.

Esta niña está destinada a ser feliz.


domingo, 7 de agosto de 2016

2

Hace quince años

Hace quince años, el 2001 llegó cargadito de acontecimientos. Ese año pasaron muchas cosas importantes para mí: Peter Jackson estrenó la primera película de “El Señor de los Anillos” , mi libro favorito de todos los tiempos, Al-Qaeda hizo estrellar dos aviones contra las Torres Gemelas y cambió la dinámica del mundo, mientras que en la Argentina comenzaba una crisis que nos alcanzaría al año siguiente.

Sin desmerecer la importancia de esos eventos, en mi vida, lo determinante del 2001 fue el nacimiento de Alessandra, mi segunda hija, una madrugada helada a fines de julio. Estaba con licencia por maternidad cuando atacaron las torres y por eso pude ver la catástrofe en vivo; mi ex me llevó a ver El Señor de los Anillos en la semana de estreno y nos prometimos seguir viendo las siguientes películas el mismo día (no lo cumplimos, para El Retorno del Rey ya estábamos separados), la crisis del 2002 nos golpeó fuerte -si no en el bolsillo, en nuestros proyectos- y la vida familiar se fue al diablo.

Pero el 2001 fue especial, igual que el 95 antes, porque más allá de lo que ocurriera a nivel global, sea conflicto armado, crisis financiera o evento cultural, fueron los años en que nacieron mis niñas, y todo cambió para siempre.

Me parece mentira que Alessa ya tenga quince años. El sábado pasado le festejamos sus “Quince” y estaba reluciente con su vestido blanco cortito, championes negros y pelo violeta. Porque si hay algo que es Ale, es original, y me salió bien friki.

Alessandra se está convirtiendo en la jovencita excepcional que se adivinaba desde hace años. Es inteligente, creativa, malhumorada, y siempre tiene la última palabra. Es muy radical –como buena adolescente– ve el mundo en blancos y negros, y muchas veces lo encuentra en falta, pero solo por estar en él, le aporta color... violeta en este momento.


No es la primera vez que describo a mi niñayanotanniña, y no hay mucho nuevo que decir. Sigue leyendo como desaforada, escribiendo historias inquietantes, y adorando los comics y los anime; tanto que para festejar sus emblemáticos Quince Años, va a ir a una convención de comics en EEUU, con cosplay y todo.

Es divina.

Hace mucho, en una película, escuché una frase que se me quedó grabada: “si todos los niños son especiales; uno se pregunta cómo es posible que después se conviertan en adultos tan comunes”. Siendo testigo de la evolución de más adolescentes de los que puedo recordar, puedo acreditar que esto pasa, pero estoy segura de que no va a ser el destino de Alessa. Si algo va a ser toda la vida, es original.

Y sí, soy una madre boba. Tengo derecho; tengo las hijas más maravillosas del mundo.

domingo, 10 de enero de 2016

7

Adolescente literata

“Mamá, ¿qué es una insuficiencia cardíaca?”
“Es cuando una persona tiene problemas en el corazón.”
“¿Y cuáles son los síntomas?”
“Bueno, depende; a veces puede tener dolor en el pecho, o el corazón puede ir muy rápido, o muy despacio, o a veces el ritmo varía… ¿Para qué querés saber, te pasa algo?”
“No. Es que quiero matar a mi protagonista y pensé en que le diera un ataque al corazón.”

Pasado el microsegundo en el que pensé que mi hija tenía problemas cardíacos, me di cuenta de lo poco que sabía sobre las enfermedades del corazón y le recomendé que buscara en Wikipedia; para así informarse bien y decidir qué tipo de afección quería que sufriera su pobre creación, mientras me preguntaba qué habría hecho para merecer su muerte.

Porque desde hace un par de años, Alessa escribe. Y escribe, y escribe. Lleva varios libros(las comillas no subestiman, es solo que ella le llama libros a historias más o menos cortas) publicados en Wattpad, una aplicación justamente para leer y escribir.

No es raro verla sumergida en su tablet o teléfono en pleno proceso creativo, y de vez en cuando haciéndome alguna pregunta: “¿cómo es que se le dice a eso que hacen para resucitar a la gente?” “¿cómo describirías este vestido, mamá?” “¿qué idioma hablan en Sudáfrica?” “Qué quiere decir CTI?”


Y si no está escribiendo, está leyendo -horas y horas de lectura- o mirando series de TV, o animes en la computadora. Es fanática de Teen Wolf’, ‘Death Note’  y ‘Batman’. Le encantan las novelas llenas de licántropos, sirenas y vampiros adolescentes; shippea a Larry Stylinson (o sea, fantasea con un romance entre Louis y Harry, miembros de One Direction), está enamorada de Dylan O’Brien, y dice que no va a tener novio porque sus compañeros son muy aburridos.

“Yo quiero aventuras, mamá. Un hombre lobo o un vampiro. Que no me vengan con invitaciones al baile o a ir a la rambla; la literatura me ha arruinado,” me dice, mientras los ojos verdes, grandes como los de un insecto nocturno, le chispean en la cara, y me muestra los dientes cubiertos de brackets en una sonrisa bandida que va de oreja a oreja.

Alessa es malhumorada, graciosa y ocurrente, y la inteligencia le burbujea debajo de una muy estudiada -y conveniente- distracción. Como buena Leonina, quiere manejar la casa, y siempre se queda con la última palabra (aunque sea “sí, mamá”). Tiene la risa y el llanto fácil -lo que se hereda, no se roba- ¿y ya dije que era malhumorada? Eso tampoco lo robó, pero me supera ampliamente.

Está en esa edad en que todo es un quemo: no deja que la bese en público (pero cuando estamos solas parece un gatito mimoso) y se avergüenza si me oye gritar (o sea, siempre). Vive en su mundo; se aísla en su cuarto, escucha música demasiado fuerte, y lee hasta que amanece.

Se parece tanto a mí a esa edad que me asombra. Mi dios, ¡cómo quiero a esa niña!

viernes, 13 de diciembre de 2013

9

Pediculus humanus invictus

Por suerte mi hija menor abandonó su aspiración de ser la Rapunzel del cuento y se cortó el pelo, porque por undécima vez este año (por no decir vigésima segunda, o trigésima tercera, ya perdí la cuenta) me encontré hoy pasándole el peine fino, a la caza de esos persistentes ‘pediculus humanus’. Para más información: filo arthropoda, familia pediculidae y género pediculus, y para menos, sencillamente, ¡piojos!

Es increíble, no sé los litros de matapiojos que he consumido en  estos años de etapa escolar. Son bichos implacables, perseverantes, incontables, invulnerables, reencarnables, tenaces y cualquier otro sinónimo de algo que cueste matar que se les ocurra pensar, y que no se les ocurra, también. No me extrañaría que dijeran, como el poseído: “mi nombre es Legión, porque somos muchos.”

La cosa es que mientras le aplicaba remedio contra la pediculosis por undécima vez (o vigésima segunda, o trigésima tercera, vayasaber) nos preguntamos si sería considerado violencia doméstica matar piojos a martillazos.

A razón de eso empezamos a jugar con Alessa a inventar titulares pintorescos para el semanario local (no publiqué los más 'gore' por miedo a que me vetaran el blog):

"Madre agrede a su hija con peine fino en crisis de locura."

"Mujer procesada por reiterados delitos de pediculicidio."

"Escándalo en Piriápolis: madre echa a su hija de casa. Tenía piojos."

"Familia en estado crítico tras ataque de piojos vampiros."

"Menor lucha por su vida por sobredosis de pediculicida."


A la vida hay que tomársela con humor, aunque sea un poco negro... J

martes, 8 de noviembre de 2011

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Indagaciones

Esta mañana, mientras cepillaba el pelo demasiado largo de Alessa para ir a la escuela (creo que quiere competir con Rapunzel), se me ocurrió hacer algunas indagaciones discretas...

“Vi un libro de animales muy lindo el otro día, ¿le gustará a tu primo?”
“Claro, pero el cumple de Bruno ya pasó.”
“Ya sé, pero a lo mejor para regalo de Navidad...”
“Pero mamá, ¡si de eso se ocupan Papá Noel y los Reyes!”

Su respuesta fue lapidaria, pero maté dos pájaros de un tiro: ya sé qué dejarle a mi sobrino en el arbolito y que mi hija sigue creyendo en sus seres mágicos a pesar de sus 10 añitos.


Y no, no se está haciendo la viva para seguir recibiendo regalitos, está convencida, ¡le hubieran visto la cara!

martes, 11 de enero de 2011

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Las manos de Alessa

Las manos de Alessa son el resultado de un exitoso cóctel genético que, por suerte, me excluyó. Son largas y delicadas como las de mi hermana y lucen las uñas de mi madre, finas y elegantes; casi transparentes, como las del padre, se les adivinan las venas violáceas bajo la piel, cual alas de libélula abrazándole los dedos. Cuando las mueve -a veces precisas, a veces enérgicas, pero nunca torpes- mutan en mariposas que revolotean inquietas; y en reposo, serían la envidia de la Venus de Milo.

Me puedo pasar horas mirando las manos de mi hija.







(tengo esta entrada escrita hace tiempo, siempre a la espera de sacarle una foto a sus manitos para publicarla... al final decidí usar una foto vieja -del 2006- y no tan específica. Igual ilustra.)

viernes, 31 de diciembre de 2010

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El Ratón Pérez es un ratón de laboratorio

Anoche me reconcilié totalmente con la Navidad. Por favor no me digan incoherente, porque seguramente cuando les explique por qué me van a entender (aunque siguen sin gustarme los villancicos, las decoraciones y los especiales navideños).

Elisa festejó fin de año invitando amigas a un pijama party tecnológico (tecnológico porque gran parte de la noche se la pasaron cada una con su netbook chateando con amigos, ¡e incluso entre ellas! Increíble.) Por este motivo, Alessandra fue totalmente exiliada del dormitorio de su hermana y tuvo que venir al mío en busca de calor humano.

A mí me encantan esos momentos en la cama con mis hijas, debe haber algo en la oscuridad, la posición y el calorcito compartido que las remonta a espacios uterinos y les afloja la lengua, porque es donde he disfrutado de las mejores conversaciones con ellas. Impagables algunas.

Así es que, después de quejarse amargamente de las injusticias de la vida –como que ella tenga 9 años, su hermana y sus amigas 15, y que por lo tanto no le permitan compartir espacios – Alessa me salió con el siguiente diálogo:

“Me siento observada. Siempre me están observando.”

“Claro que siempre te están observando, mamá y papá te observan, porque te cuidan, así sabemos dónde estás y cómo.”

“No, no,” protestó. “No por ustedes; me siento observada por Papá Noel. Siempre está mirando si me porto bien o mal; me siento observada.”

Conteniéndome para no reírme, puesto que el tono de voz y el asunto eran muy serios, le respondí que sí, que eso era lo que tenía Papá Noel, pero que bueno, también le dejaba regalos, así que valía la pena. Con eso tuvo que estar de acuerdo, pero después siguió:

“Es que también me observan los reyes magos, y esos son tres. Hay un montón de gente mirando. Decime, mamá, ¿hay alguien más que me observe?”

Yo pensé un poquito y le dije: “está el Ratón Pérez, ese te observa para saber cuándo perdés los dientes y poder dejarte plata.”

Ella asintió en la oscuridad y se quedó callada unos segundos. “Para mí que el Ratón Pérez es un ratón de laboratorio. De esos de los experimentos, por eso habla.”

“Ah sí, es probable,” le contesté, y no se imaginan el trabajo que me dio que esa respuesta sonara lo suficientemente seria. Evidentemente mi hija ve demasiada televisión, y yo también, porque ya me estaba imaginando un Ratón Pérez blanco y cabezón, algo así como una versión uruguaya de Pinky y Cerebro.

“El Ratón Pérez, Papá Noel, los Reyes Magos...” enumeró ella, y le veía la silueta de sus deditos mientras contaba. “Son cinco... ¡Cuántos seres mágicos hay en el mundo! ¿Verdad, mamá?”

¿Cómo no voy a amar la Navidad –o su magia, al menos– después de eso? ¡Que siga habiendo 'seres mágicos' por un buen rato!

miércoles, 18 de noviembre de 2009

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Mala suerte

Mi hija pequeña me preguntó anoche qué significaba ‘mal agüero’. Yo estaba trabajando en la computadora, para variar; bastante distraída buscando información para una entrada que tengo a medio escribir, así que sin mucho pensar simplifiqué la cosa, pasé del pronóstico al resultado, y le contesté: “Mal agüero significa mala suerte,” y seguí con lo que estaba haciendo.

Alessa es una niña despierta y avispada; pregunta todo y no se contenta con cualquier respuesta, hay que contestarle algo convincente o seguirá preguntando hasta sentirse plenamente satisfecha, como anoche.

“Mamá,” insistió, evidentemente no conforme. “¿Y qué es mala suerte?”

En ese momento casi le contesto como la mamá de esa propaganda de jabón en polvo, que, ante una pregunta similar de su hijo, equiparó frustración con no sacarle las manchas a la camisa del marido. “Mala suerte es no encontrar una definición de serendipia que me conforme,” pero me dominé a tiempo y la miré.

Alessa estaba paradita a mi lado; de pie ella y yo sentada, nuestros ojos estaban a nivel, y como siempre, casi me ahogo en esos ojazos verdes que no sé cómo hice para concebir. Su expresión era de total concentración. Cerré la laptop y giré para prestarle toda mi atención.

“Hay gente que cree que si te pasan cosas malas, es porque tenés mala suerte. ¿Por qué me preguntás?”

“Dicen que trae mala suerte pasar por abajo de una escalera,” me dijo muy seria.

“Eso es una superstición, amor, algo que la gente cree, pero que no es verdad. No pasa nada si pasás por abajo de una escalera,” le contesté, intentando no reírme y tomármelo con tanta seriedad como ella. “Como mucho, se te caerá la escalera arriba.”

“Pero también dijeron que es malo que se te cruce un gato.” Y ahí el verde se tornó cristalino, y miró a Flor, la gata de la casa.

Como ya deben saber, Flor se acaba de salvar de su propia racha de mala suerte, lo cual sería buena suerte, ¿no? La cosa es que Alessa ahora cuida a su gata más de lo que cuida a Leo, su peluche favorito, y eso es mucho decir. Yo sentí que debía asegurar a mi hija que su gatita no le provocaría mala suerte y ya estaba abriendo la boca para decirle que no dan mala suerte los gatos en general, sino solamente los gatos negros, cuando me detuve y me puse a pensar qué estaba haciendo. Le acababa de decir a mi hija que lo de la escalera era una superstición, desmereciéndolo por eso, ¿y ahora la iba a tranquilizar con el color de los gatos que traen mala suerte? Ni ahí.

“No existe la mala suerte, Ale,” le contesté en cambio. “No va a pasar nada si pasás por abajo de una escalera o si te cruzás con un gato o cualquier cosa de esas que dicen. Son supersticiones: no son ciertas.”

“Pero yo rompí tu espejo el otro día y después se enfermó Flor,” me porfió ella.

Recién entonces entendí por dónde venía la cosa; la acerqué a mí y la senté en mi falda. “La gata se hubiera enfermado igual, no tuvo nada que ver el espejo,” le dije, tratando de sonar convincente. “Vos no tenés la culpa de lo que le pasó a Flor. Fue solo una coincidencia, dos cosas que pasaron a la vez. Además, la gatita está lo más bien, ¿o no?”

Al final me dijo que sí, pero no se la veía muy convencida. De cualquier manera no hablamos más del tema, es medio difícil ir contra el pensamiento mágico, y en los niños eso es muy fuerte; por más que yo le argumentara todas mis razones para no creer en la suerte o en las supersticiones, Alessa seguiría encontrando conexiones insólitas, y vaya a saber de qué más se podría llegar a sentir responsable.

A los cinco minutos ya estaba viendo ‘Ben 10’ en la tele y se había olvidado de gatos, espejos y malas suertes, pero yo seguí pensando. Nunca fui supersticiosa, aunque hay cosas que no hago, como matar grillos dentro de la casa o pasar por debajo de la famosa escalera (siempre me dio miedo que se me cayera encima, en serio, no se rían), sin mencionar decir ‘salud’ cuando alguien estornuda, dejar la cartera en el suelo o haberme puesto algo azul, algo usado, algo nuevo y algo prestado cuando me casé (así me fue). Pero de ahí a creer que alguna de esas cosas puede tener un efecto negativo o positivo en mi vida hay un trecho.

Yo veo que la gente muchas veces atribuye sus errores o frustraciones a eso difuso y sin mucho sentido que llaman ‘mala suerte’ y que les impide tener éxito en la vida, el amor o el trabajo. Eso me parece absurdo; es una forma de sacarse la responsabilidad de encima y ponerla en algo más, siempre está bárbaro tener qué – o a quién – culpar por los fracasos de uno. Las supersticiones son un bastón como tantos otros, y aunque algunos crean que se camina más seguramente con bastón, no pueden negar que también se camina con menos libertad.

Nunca le atribuí a la buena o mala suerte nada de lo que me pasó en la vida, soy muy laica y el pensamiento mágico no es mi fuerte. Más de una vez me han dicho que tengo ‘suerte’ porque tengo un trabajo seguro que me gusta y puedo mantener mi casa y a mis hijas sola. Eso me fastidia enormemente, no es suerte, son años de estudio, mucho trabajo, oportunidades aprovechadas, y buenas – o a veces malas – decisiones. En lo único que admito haber ganado la ‘lotería’ es en haber tenido hijas sanas, todo lo demás lo hice yo (con ayuda a veces, lo admito y agradezco, pero saber pedir y aceptar ayuda cuando es necesario también es uno, ¿no?).

Mi vida es mi responsabilidad, no de espejos, escaleras o gatos que se puedan haber cruzado en mi camino.

















Imagen: 'Luck' de Dan Springer

martes, 3 de junio de 2008

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Alessandra Hunt

Alessa era mi personaje en LA by Night, no sé bien por qué la dejé para el final. Tal vez porque fue la más importante de todas mis creaciones. Escribí a Alessa - sí, ya sé, el nombre de mi hija, definitivamente muy mala elección, pero ya está, no hay remedio - como tres años, más o menos, la ví crecer y evolucionar y supongo que hay un vínculo que no se romperá nunca. Alessa me permitió escribir sobre mí sin hacerlo. No es poco pedirle a un personaje, y ella respondió bien.


Character’s Name: Alessandra María Hunt
Race: half Verbati demon
Gender: Female
Birth date: 10/12/1919
Birth place: Santa María, Paraguay, in the border with Brazil and Argentina, South America.
Group Affiliation: The White Hats.

Description
Alessa resembles her mother’s human form, apart from her father eyes; she has dark hair and bronzed skin. Her mouth is full and her eyes are somewhat slanted, and green as a cat’s. She’s short and slim. Her skin, eyes and general appearance can change, though, for she is half a shapeshifter demon.

History
Alessa Hunt was an only child, she had a normal childhood in Santa María -a small village in Paraguay, South America- where her father, Alec Hunt, was working for an international company, until she was twelve and learned the truth about herself.

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    Alec had fallen in love with a beautiful native woman and had married against the will of either her family or his own. After the marriage Alec had noticed some strange things about his wife but he had been so blinded by love that he hadn’t paid much attention to them. Anyway, when his wife got pregnant she started to lose weight and seemed so preoccupied that his initial happiness turned to worry, but she wouldn’t tell him anything. However, when the pregnancy was coming to term the health of his wife turned extremely delicate and the night Alessa was born, María, her mother, finally told her husband the truth about herself. She was a Verbati Demon, and something about the pregnancy by a man was killing her; she wanted Alec to know about her true self.

    This stunned Alec, and at first he didn’t believe it, but as labour got worse he saw glimpses of his wife’s true form, for Verbati Demons were shapeshifters and could take any form they wanted. María had seen Alec working and had fallen in love with him so she had taken human form to be with him. María made Alec promise to take her daughter to her kind when she was old enough to understand, and then, when the baby finally was born, she died.

    Faithful to his promise, Alec raised the seemingly normal girl until the moment he presented her to her mother’s kind. This turned Alessa’s world upside down, she started to learn about herself and about the powers of Verbati Demons.

    Alessa was lucky to grow up in South America. Her hometown, Santa María, in the border between Brazil and Paraguay, was a place where magic mingled with reality, and no one faulted a mixed blood. The rain forest was near and all knew that non-human things lived there. Alessa was not the first half demon in town, nor would she be the last, so she hadn’t grown up having to hide herself to survive.

    Her father died long ago from old age, but together they had researched in the ways of the occult so Alessa has deep knowledge of demonic races and customs.

    When she was about 40 years old, but looked like a teenager, Morris Giles, a Watcher, contacted her. He believed Alessa to be a vampire slayer potential so he started training her. The Council, however, decided against it for they believed that only full-blooded humans could be Slayers. Morris Giles continued believing her to be one though, and he kept on training and watching her. Therefore she also knows fighting techniques and has a good use of weapons.

    Morris and Alessa also developed a relationship, living together until Morris died at the hands of a group of vampires. Her lover’s death left Alessa desolated, and she has been alone ever since.

    After Morris Giles died, she went in search of his nephew, Rupert Giles. His track brought her to Sunnydale, where she met him and Buffy Summers. Anyway she hadn’t taken into account the bitterness the man felt for his own uncle. As the rest of the Watchers’ Council, he believed his uncle to be mad and had lost any respect for him. It didn’t help that the “demon” that had been his madness appeared on his front door. After such cold welcome Alessa decided to leave Sunnydale and return to South America.

    However, after a couple of years trying to live a normal life in Santa María, her hometown, she decided that she needed to start anew in some other place. She decided to finally contact his father's family, or what remained of it, and thus travelled to the United States.

    There, she settled on the city of Alhambra in L.A where she tries to live like an ordinary person, she got a job teaching Spanish in a downtown high school and is trying to lead an ordinary life, gathering strength to finally contact her niece and nephew. Instead, she met a group of people who would change her life: the White Hats.

    Powers
    Since Alessa isn't a pure blooded Verbati demon, she can't morph easily, thus she can't take animal or demon form and only after hours of concentration she can change into a different human body. She can easily take her demon appearance, nevertheless, but she doesn’t like to do so. She can also roughly camouflage herself, mostly unconsciously. Alessa usually tries to hide her demon nature from people. Anyway, when she experiences strong emotions, like fury, sadness or happiness, her eyes betray her feelings and change from their usually bright green to any colour that mirrors her emotions.

    She's stronger and more agile than humans too, which sometimes surprises her opponents, given her size. As most demons, her senses are highly developed. Another side effect of her mixed blood is an extremely long life - she was born in the turn of the century but looks barely twenty something. She is mortal, nevertheless.



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