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domingo, 11 de noviembre de 2012

16

My Ideal Bookshelf

“Picking five favorite books is like picking
the five body parts you'd most like not to lose.”
Neil Gaiman

My Ideal Bookshelf


Jane Mount es una artista que pinta… ¡bibliotecas! Desde hace unos años, Mount ha estado pintando, con tinta y témpera, el contenido de las colecciones privadas de mucha gente, como parte de una serie que llama “My Ideal Bookshelf” (mi biblioteca ideal). Estas pinturas están reunidas en un libro del mismo nombre, que salió a la venta en noviembre.

La artista dice: “Cada lector, en algún momento, se enfrenta a la temida pregunta: ‘¿Cuál es tu libro favorito?’ Para el lector serio, la respuesta a menudo no es tan simple o singular como la pregunta. Nos encantan muchos títulos por igual, aunque por razones diferentes.” 

En “My Ideal Bookshelf”, Jane Mount y Thessaly La Force (la editora) limitan un poco la propuesta y preguntan a diferentes personalidades: “Si tuvieras que llenar un pequeño estante con los libros que te representan, ¿con qué títulos te quedarías?” A cada respuesta, la acompaña una pintura de dicho estante, incluidos órdenes/desórdenes, objetos de arte que acompañen, y demás. Es como meterse en la casa, y la cabeza, de cada uno de ellos.

Algunos de los entrevistados son Judd Apatow, James Patterson, James Franco y Stephenie Meyer (aparte de un montón más que no reconocí, shame on me); pueden ver la lista completa aquí.


My Ideal Bookshelf

Esto por supuesto me puso a pensar cuál sería el contenido de mi estante ideal (biblioteca es algo mucho más grande) No es una propuesta fácil, aún si la limitamos a un estante y no a un solo libro. Están los libros que nos enseñaron cosas, los que nos emocionaron, esos sin los que no nos concebimos, los que nos cambiaron la vida de alguna manera, o que vinculamos a algún recuerdo en especial. Hay algunos que siempre nos hacen reír, y hay otros que invariablemente nos hacen llorar, aunque los hayamos leído mil veces.

No hay lector que no tenga algún ejemplo de cada una de estas categorías, ¿verdad?


My Ideal Bookshelf

Es la lista de libros que nos llevaríamos a una isla desierta, y con esa idea traté de armarla. Al día de hoy, 11 de noviembre, mis opciones serían estas:

En primer lugar y sin ninguna discusión, la trilogía del “Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien, (no importa que sea trampa), creo que es el libro que más veces he leído en mi vida. Después tendría que incluir algunas novelas de ciencia ficción, mi segunda pasión... puestos a elegir, ahí tendrían que ir “Dune” (solo la primera), de Frank Herbert, así como “1984”, de George Orwell, y “Farenheit 451” y “La Feria de las Tinieblas” de Ray Bradbury (éste último no es ciencia ficción, ya sé, pero es mi preferida del autor). Ah, y "El Cuerno de Caza" de Sarban.

El terror es otro favorito, y ahí iría Stephen King con “It” y “Apocalípsis”. Y por supuesto, “Drácula”, de Bram Stoker.

También incluiría algunos clásicos: “Jane Eyre” (Charlotte Brontë), “Rebecca” (Daphne Du Maurier) y “El Libro de la Selva” (Rudyard Kipling). Y para terminar, “El Nombre de la Rosa” de Umberto Eco y “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende.



My Ideal Bookshelf


Son 14 libros... Pocos, ¿no? Al menos para mis estándares. Ojalá nunca tenga que elegir y limitarme tanto. ¿Qué libros pondrían ustedes en su "pequeña" biblioteca ideal?





"My Ideal Bookshelf":Thessaly La Force, Jane Mount
Little, Brown and Co.

Todas las imágenes © Jane Mount


sábado, 18 de septiembre de 2010

14

'Becoming Jane'

‘How does the story begin?’
‘Badly.’
‘And then?’
‘It gets worse.’

‘Becoming Jane’ 2007




Se imaginan si a algún productor de Hollywood se le ocurriera hacer una película sobre sus vidas... ¿no les gustaría saber cómo sería? ¿Aburrida, entretenida, una producción de dos horas o apenas un corto? ¿Toda su vida o parte de ella? ¿Contaría lo ‘incontable’? ¡Mi dios! ¿Se imaginan la cara de sus amigos si la vieran? Además, ¿quién los interpretaría? ¿Una celebridad, o serían el medio para el mundo conociera y aplaudiera a algún desconocido?

Es una verdad universalmente reconocida que cualquiera que vea una película biográfica se hará estas preguntas, y yo no fui excepción, mucho menos ayer mientras miraba “Becoming Jane”, una biopic sobre la juventud de Jane Austen, la famosa escritora inglesa (también es una verdad universalmente reconocida que cualquier 'review' sobre Jane Austen debe empezar con es una verdad universalmente reconocida).

Las películas biográficas en general me gustan, sobre todo porque soy curiosa y enseguida salgo a chequear la vida y obra del biografiado (he aprendido más haciendo eso que en todos los años que estudié formalmente), así que por supuesto no hice menos en este caso. Como lo esperaba, los eventos descritos en la película tienen muy poca base histórica; pero bueno, nadie espera demasiada autenticidad en una producción hollywoodense (al menos nadie con dos dedos de frente; solo aquellos muy tontos, crédulos o haraganes que no se molestan –o no les interesa – en googlear un poco, podrían pensarlo). 'Becoming Jane'

Honestamente, aún no he decidido si esta biopic en particular me gustó o no, hubo cosas que me gustaron y otras que no. Los exteriores y la fotografía son magníficos, la recreación de época me pareció muy cuidada, los paralelismos con las novelas me divirtieron – especialmente con ‘Orgullo y Prejuicio’, mi favorita de la autora – y me encantó ver a Maggie Smith, Julie Walters y James Cromwell tan bien como siempre. También me gustó James McAvoy como Tom Lefroy.

Por otro lado, no puedo creer que no haya actrices británicas talentosas dispuestas a representar a un icono inglés como lo es Jane Austen, y hayan tenido que seleccionar a Anne Hathaway y pedirle que fingiera el acento inglés; no es que no me gustara Hathaway, pero en momentos su retrato de Jane me hace acordar más a una niña caprichosa que a la mujer inteligente y aguda que debió ser. Tampoco me convenció del todo el argumento: si le creyéramos a esta película, parecería que sin el gran amor de Tom Lefroy, Jane Austen no habría escrito sus magníficas novelas ni se hubiera convertido en una de las más importantes escritoras de habla inglesa... ¿era necesario que hubiera un hombre detrás de una gran mujer?

Creo que hay adaptaciones de las obras de Jane Austen mucho más imaginativas, apasionadas y honestas que esta película, y mejores actrices representando sus personajes que Hathaway interpretando a la autora (Jennifer Ehle como Elizabeth Bennet o Kate Winslet como Marianne Dashwood, me vienen a la mente).

Ahora, volviendo al asunto de las películas... si hicieran una biopic sobre mí, casi puedo ver a Queen Latifah en mi papel (es gorda y exuberante y sexy), y si el director se va a tomar libertades, me encantaría que metiera un vampiro o dos en la trama, total, no me gusta el sol. Seguro sería una película formidable, solo rivalizada por ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ o ‘Marnie’.

Y ustedes, ¿cómo imaginan su biopic?

domingo, 27 de junio de 2010

9

José Ángel Valente o la cortedad del decir

“En el principio fue el verbo”
Juan 1:1-5



Mi director muchas veces me pide que lo asista con los temas informáticos, así que hago gráficas, retoco fotografías, o a veces le busco información sobre temas o artistas en Internet. Ninguna de estas cosas me molesta, en general todo lo que tiene que ver con la informática me gusta, y además, tiene sus beneficios. Yo le llamo 'serendipia inducida', porque investigar sobre lo que él me pide, suele abrirme puertas para que yo siga revolviendo -como si fuera mesa de liquidación- en otros temas que se conectan y me llaman la atención. Así me pasó con Gao Xingjian; y así me pasa ahora con José Ángel Valente y ‘Tres Lecciones de Tinieblas’.

José Ángel Valente (1929-2000) es un poeta y ensayista español, ganador de diferentes premios, incluyendo el Príncipe de Asturias de Letras en 1988 y el Premio Nacional de Literatura en forma póstuma en el 2000. ‘Tres Lecciones de Tinieblas’ es un pequeño poemario escrito entre 1978 y 1980.

Lo que me atrapó de Valente, aparte de una poesía que parece transparente y me gustó mucho –y yo no soy demasiado adepta a la poesía, si he de ser honesta– es lo que leí sobre él una vez que dejé de leer poemas y empecé a interesarme por el autor. Tal vez mi lectura del poeta esté equivocada, y yo haya entendido todo al revés, pero intentaré explicarme.

La lingüística me interesa, soy profesora de lenguas al fin y al cabo, aunque no enseñe español, y trato de escribir aunque no sea escritora. Sin embargo, como con todas las otras cosas que hago aparte de escribir en mi blog, intento hacerlo de la mejor manera posible.

Dentro de ese esquema, me tiene bastante preocupada el tema de la ortografía y la gramática: los signos de puntuación bien usados me enloquecen y los tildes diacríticos me mortifican. Releo varias veces cada entrada y sigo corrigiendo aún después de publicar. Pero ese es sólo un eje de lo que es escribir. Saber unir las palabras en una forma adecuada, manejar la ortografía, sintaxis, gramática... es estructura. Y la estructura es importante, todo texto la necesita, pero lo esencial es el contenido.

El tema del contenido me obsesiona todavía más. Uno puede aprender a  escribir correctamente: elegir bien entre poner una coma o un punto y coma, o saber cuándo ‘cuando’ lleva tilde y cuándo no; digamos que si uno hace bien los deberes, todo eso se puede aprender. Pero no se puede ‘aprender’ a tener cosas para decir... eso ya es harina de otro costal, y saber cómo decir cuando hay qué decir, es harina todavía más blanca de otro costal mucho más chico y exclusivo.



Ustedes se preguntarán qué tienen que ver Valente y sus lecciones de tinieblas con mi estructura y contenido, pero bueno, déjenme llegar. Valente tampoco es lingüista, pero tiene sus propios conceptos sobre el lenguaje y las palabras que ‘resonaron’ conmigo.

‘Tres Lecciones de Tinieblas’, escrito entre 1979 y 1980, es un libro pequeño de catorce poemas, que se dividen en tres ‘lecciones’. La primera de las tres secciones, la ‘Primera Lección’, consta de cinco poemas, la segunda lección cuatro poemas y la tercera cinco de nuevo; cada poema tiene por título una letra del alfabeto hebreo.

Como dice el propio Valente: ‘Contempladas en su conjunto, las lecciones ofrecen dos ejes. Un eje vertical y un eje horizontal. El eje vertical es el de las letras, que permitirían leer, como en un acróstico, todo el lenguaje y en él toda la infinita posibilidad de la materia del mundo. El eje horizontal es el eje de la historia, el eje de la destrucción, de la soledad, del exilio, del dolor, del llanto del profeta.’

Es el eje vertical el que me interesó: el lenguaje y sus infinitas posibilidades. Es el qué decir y el cómo decir. Pero también es – en mi lectura lega – esa realidad que el lenguaje no logra expresar, pero que está contenida en el lenguaje mismo; todo lo que se ha dicho y se puede llegar a decir, usando siempre las mismas palabras. El lenguaje tiene la capacidad de decir cosas, pero a la vez tiene un carácter lineal y sucesivo que lo limita, a eso llama Valente ‘la cortedad del decir’. El concepto tiene una sencillez y a la vez una complejidad que me impresionó.

Sin ninguna duda ésta es una lectura muy superficial de un autor con ideas muy complejas, pero es la que puedo hacer aquí y ahora. Me gustaron mucho sus poemas, son breves, livianos de palabras y muy elocuentes, tiene qué decir y sabe cómo decirlo; y sé bien que cuando Valente habla de la cortedad del decir se refiere a otra cosa, pero pienso que la frase también se puede aplicar a esa economía de medios admirable que utiliza para expresar tanto con tan poco.



De la primera lección de ‘Tres Lecciones de Tinieblas’ y precisamente en el tema de los ejes:

Dalet
Tejí la oscura guirnalda de las letras: hice una puerta: para poder cerrar y abrir, como pupila o párpado, los mundos.



Y en otro tema, pero igual de elocuente...

El temblor
La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz,
bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.



Los invito a leer más poesía de este autor, por ejemplo, aquí, aunque supongo que mis lectores españoles ya lo conocerán bien.



Imagen:‘Emotional’ de ~marlafinger

miércoles, 10 de marzo de 2010

6

¿Gatos artistas?

Son inteligentes los gatos? Sin la menor duda. ¿Son arteros, cariñosos cuando quieren, indiferentes si les sirve y se saben comprar a su amo/siervo? Seguro. Pero... ¿son artistas? Ahí ya me entra la duda. Mi gata Flor se cree cantante de ópera, pero fuera de eso, no ha demostrado la más minima vocación artística hasta ahora; es más, toda mi vida he estado rodeada de gatos (hoy en día cuatro, creo que me olvidé de contarles que Flor tuvo cría) y ninguno de ellos demostró inclinación hacia las artes tampoco.

Sin embargo, hace muy poco me encontré en la red con este libro:

Why Cats Paint“Why Cats Paint – A Theory of Feline Aesthetics” (Por qué pintan los gatos – una teoría de la estética felina) no es un libro nuevo, se editó en el año 1994 y su crítica anda rondando la red desde entonces. Algunas personas creen a pie juntillas que es real y en cualquier momento crean una religión nueva, otras se ríen a carcajadas de las primeras, y algunas, como yo, investigan un poco para decidir por sí mismas.

Partiendo de la base de que las demarcaciones territoriales de los gatos tienen asimismo una motivación estética, los autores Burton Silver y Heather Bush nos muestran en su libro la obra de varios gatos artistas (no de artistas que pintan mininos en su obra, sino de la obra de mininos que pintan). El texto está escrito por Burton (los gatos pintarán, pero por ahora no escriben) y las fotografías son de Heather, ambos autores bien conocidos en Nueva Zelanda, con varios libros publicados aparte del que nos ocupa.

Como introducción, Silver y Bush presentan un muy elaborado y semi-plausible racconto de gatos pintores, empezando en el antiguo Egipto, con fotos de gatos momificados aferrados a sus papiros, hasta pergaminos iluminados de la Edad Media y afiches del siglo XIX que retratan creativos felinos en plena tarea. Siguiendo este detalle histórico, hay páginas y páginas describiendo diferentes gatos artistas, cada uno con su estilo propio. Nos muestran a los animales en pleno trabajo, con sus patitas coloreadas creando pinturas. Las fotografías son maravillosas, los gatos son hermosos, y las ‘obras de arte’ también... una cruza entre Jackson Pollock y Van Gogh.


Pero no es tan simple la cosa, ‘Bootsie’ es trans-expresionista y ‘Charlie’ realista periférico, la gatita ‘Ginger’ es neo-sinteticista y ‘Tiger’ es reduccionista espontáneo. ‘Smokey’ tiene preferencia por las escenas rurales románticas y ‘Pepper’ pinta retratos, sobretodo de su novia Venus. Y en la fotografía debajo, vemos a ‘Princess’ retratando a Boris, su compañero de juegos, y prestando especial atención al verde en su collar.



También había referencias a un museo muy particular: el Museo de Arte No Primate o MONPA (Museum Of Non-Primate Art). El sitio parecía muy auténtico, pero leyendo con más atención, resulta que no cuenta con una dirección física concreta y presenta exhibiciones del tipo de: Poesía y prosa de las huellas paquidérmicas’ o ‘Termitas, su arte y arquitectura’.

Muy raro. Mi sentido arácnido estaba sonando demasiado fuerte ya para no prestarle atención. Usted, ¿no desconfiaría?

Lo que finalmente me convenció fue un mail que me llegó hace muy poquito con fotos de gatos pintados. Exacto, esta vez los gatos no estaban frente al lienzo sino que eran el lienzo. Las fotos procedían de, oh casualidad, otro libro de Silver y Bush: “Why Paint Cats – The Ethics of Feline Aesthetics” (Por qué pintar gatos – la ética de la estética felina).

Esto ya era demasiado, poniendo ambos libros, uno al lado del otro, es evidente la broma. Sin hablar que Snopes.com (el sitio obligado para descubrir farsas en Internet) tiene toda una entrada sobre ambos libros, tildándolos claramente de falsos, o sea, los libros existen, pero la información es falsa y las fotos son manipuladas (admirablemente).

Chapeau a los artistas (humanos) que diseñaron y ejecutaron esta farsa tan lograda, y que se las arreglaron para vender miles de dólares en libros en el proceso. Cuando sea grande, quiero ser como ellos.




“Why Cats Paint – A Theory of Feline Aesthetics”
Burton Silver and Heather Bush
Ten Speed Press, 1994


“Why Paint Cats – The Ethics of Feline Aesthetics”
Burton Silver and Heather Bush
Ten Speed Press, 2006




































Personalmente, me gustan los gatos zodiacales, ¿a ustedes?

miércoles, 14 de octubre de 2009

7

Leyendo romances

Ayer me pasé casi tres horas en el consultorio del oculista. Yo sabía que iba a ser una espera larga; el doctor estuvo enfermo y se habían atrasado las consultas, así que había ido preparada: tenía lectura suficiente para un par de horas. No era la única, al menos tres pacientes más habían tenido la misma brillante idea que yo. Curiosa como soy, no pude dejar de fijarme en qué estaban leyendo los demás. Una señora flaca, de lentes y con pinta de maestra, tenía un libro finito de cuentos de Mario Benedetti; también había un viejo de bigotes que se entretenía con el policía italiano ese… el comisario Montalbano, y una muchacha joven muy abrigada leía a Saramago, un ‘Ensayo sobre la ceguera’ con la imagen de Julianne Moore en la tapa.


Entre medio de tanta lectura ‘seria’, yo saqué de mi cartera mi libro, lo moví bastante para que se pudiera apreciar el brillante colorido de su tapa en rústica, y me dispuse a continuar leyendo sobre los amores de Clare, la humilde maestra de escuela, devota hija de un ministro, y Lord Nicholas, el malvado conde con sangre gitana. En realidad, el malvado conde no es malvado, sino incomprendido, y la mosquita muerta de Clare esconde un temperamento apasionado nada propio de las devotas hijas de ministros de su época… La novela: ‘Thunder and Roses’, la autora: Mary Jo Putney.

Siempre me ha fastidiado la forma en que me miran cuando leo romances; abrir un libro romántico en una sala de espera, en el ómnibus o en casa de mi madre nomás, siempre viene acompañado de miradas de reojo y hasta alguna sonrisa de suficiencia. O si estoy en casa de mi madre y anda mi cuñado en la vuelta, su típico gesto de damisela apasionada (imaginen un hombre grande con una pierna extendida hacia atrás tipo bailarina de ballet en cuarta posición, el dorso de una mano cubriendo sus ojos y un gesto de dolor en la cara – aunque supongo que la intención es parecer apasionado. Ahora dejen de imaginarlo y disculpen la imagen mental creada: era solo para ilustrar el hecho).


Hace unos meses cuando comentaba el libro “Las mujeres que leen son peligrosas” decía:

Muchas veces se subestiman nuestras opciones al momento de leer, generalizándonos a todas como lectoras o autoras de la dudosa categoría de los ‘libros de mujeres’ o ‘literatura femenina’. No importa si nos decidimos por Corín Tellado o Doris Lessing. Pero bueno, eso ya es material para otra entrada.

Parece que llegó el momento de esa ‘otra entrada’. La verdad es que no sé qué problema hay con las novelas románticas que hacen que la gente crea que puede juzgar, no solo la calidad de la lectura elegida, sino al lector en sí, y, en general, el fallo es bastante malo (para ambos). Para la mayoría, las novelas románticas no son serias, están mal escritas y son una perdida lamentable de tiempo, y obviamente quienes las leemos somos gente poco inteligente y sin mucho más que hacer que perder tiempo leyéndolas, claro.

Subestiman al género, y subestiman a las mujeres que lo eligen. Incluso las editoriales lo hacen, las traducciones suelen ser pésimas, total, ¿para qué pagar un buen traductor si sus lectoras leen cualquier cosa?

Yo creo que hasta temen que las mujeres nos creamos las cosas que pasan en esas novelas, y esperemos situaciones semejantes en nuestras vidas; como si no pudiéramos distinguir lo que es real de lo que no. Sin embargo a nadie se le ocurre preocuparse porque alguien pueda creer que se venga una plaga de ceguera sorpresiva – y no hablo solo de Saramago, esa catástrofe la había imaginado ya John Wyndham en ‘El día de los Trífidos’ allá por los cincuenta.


Dicho todo esto, quiero aclarar que no estoy tratando de comparar la historia de Lord Nicholas y Miss Clare con las de Saramago, Benedetti o Camirelli; soy bien consciente de que hay diferentes calidades de literatura, y que si bien las hay buenas, hay muchas, muchas, novelas malas en ese género... ¿pero en cuál no, si a eso vamos? Además es obvio que si a alguien no le atraen los romances no los va a leer nunca, así como aquellos a quienes no les gusta la ciencia ficción o la fantasía no abrirán un libro de Tolkien o Bradbury en su vida. La diferencia está, me parece, en que si bien a mucha gente las novelas sobre anillos mágicos o marcianos no le gustan, no se les ocurre juzgarlas – a ellas y al género entero – como mala literatura; simplemente reconocerán que les gusta tener los pies sobre la tierra en materia literaria y a otra cosa, mariposa.

Lo que estoy tratando de hacer, creo – la verdad es que estoy medio perdida ya – es defender mi derecho a leer lo que se me antoje sin que nadie venga a juzgarme por las opciones que hago. Si hubiera abierto ‘El Señor de los Anillos’ o ‘Crónicas Marcianas’, seguramente no me hubieran mirado de la misma manera ayer; todavía me acuerdo de la sonrisa de suficiencia de la maestra flaca y siento que me eriso. ¿Qué le importa a la gente lo que leo o dejo de leer?

Y solo para que conste, también he leído a Benedetti, Saramago, Tolkien, Bradbury y Whyndham... Camirelli está en el debe aún, como tantos otros.

sábado, 8 de agosto de 2009

0

True Blood

El Amigo insiste en que estoy más linda que antes, y cree que el motivo es que siempre estoy esperando que algo bueno pase, y esa espera me embellece… yo no voy a ponerme a discutir con él si estoy linda o no, disfruto el piropo y listo. Pero bueno, ahora debo estar preciosa, porque acabo de descubrir un canal nuevo en el cable, y en el momento en que lo sintonicé, justito, empezaba una serial de vampiros.

True Blood: All flavor. No bite.


No debe haber mucha gente que se ponga tan contenta si ve un vampiro, un zombie o un hombre lobo como yo (los de mentirita, por supuesto, que no se me acerque uno en una noche oscura). Y el que me discuta que encontrar un canal nuevo en el cable donde den seriales de vampiros no es algo bueno, no sabe ser feliz con las pequeñas cosas. Ni ser lindo, obvio.

El canal: HBO (ya sé, ya sé, pero mi cable es pésimo, y no tenía HBO. Increíble, ¿no? Seguro el que consideró que exageraba al ponerme contenta de tener un canal nuevo está reconsiderando su posición ahora) La serial: True Blood.

Dos minutos mirando True Blood y reconocí de qué se trataba, leí la novela en la que se basa hace un par de años (también soy adicta a las novelas de vampiros, para hacerlo, hacerlo bien). La serie de novelas, son varias en realidad, se llama ‘The Southern Vampire Mysteries’ de Charlaine Harris.

La premisa es simple, lo cual no quiere decir que la historia lo sea. Gracias a una nueva sangre artificial japonesa, True Blood, los vampiros pueden salir de su escondite de siglos e integrarse a la sociedad, o intentarlo al menos. La protagonista es una camarera telépata que se enamora de un vampiro ‘oscuro y misterioso’ - justo lo que me recomendó el doctor (que cliché, por dios, disculpen).

La novela me había gustado, aunque admito que leí la primera, ‘Dead until Dark’ , y no seguí con la serie, probablemente porque la tengo en formato e-book y leer en la pc me cansa. Los dos capítulos que vi de la serial me encantaron. Me pareció sexy e inteligente, y no me extraña ya que su productor es el mismo de ‘Six feet under’ otra Los amigos, no dejan a los amigos, beberse a sus amigos.serial que me perdí por no tener HBO, pero que estoy descargando y vengo disfrutando. La acción ocurre en un pueblo ficticio, Bon Temps, en Louisiana, y el ambiente del sur norteamericano me pareció muy palpable, incluso desde mis ojos latinoamericanos. La música me gustó también, la canción de la presentación – y la presentación – es genial: "Bad Things" de Jace Everett. El título es apropiado, ¿no?




martes, 31 de marzo de 2009

1

Lecturas peligrosas

Paolo y Francesca, 1864

Anselm Friedrich Feuerbach


Cómo el amor a Lanzarote hiriera,
por deleite, leíamos un día:
soledad sin sospechas la nuestra era.

Palidecimos, y nos suspendía
nuestra lectura, a veces, la mirada;
y un pasaje, por fin nos vencería.

Al leer que la risa deseada
besada fue por el fogoso amante,
éste, de quien jamás seré apartada,

la boca me besó todo anhelante.
Galeoto fue el libro y quien lo hiciera:
no leímos ya más desde ese instante.





Dante Alighieri
"La Divina Comedia"
Canto V



Si las mujeres que leen son peligrosas, bien pueden serlo las lecturas también. Seguro Paolo y Francesca consideran que esto es así... ¿su historia hubiera sido la misma si en vez de haber estado leyendo sobre los amores adúlteros de Lanzarote y Ginebra, hubiera sido el Libro de Ruth? Tal vez no, tal vez los amantes necesitaban un empujoncito y Galeoto se los dio.

Teniendo en cuenta el tipo de cosas que me gusta leer, y escribir, estoy segura que voy por mal camino, igual que ellos. Pero claro, prefiero la eternidad en el segundo círculo junto al Amigo, que solita en el paraíso adorando a la divinidad, nada debe ser más aburrido.



lunes, 30 de marzo de 2009

7

Las mujeres, que leen, son peligrosas

Joven leyendo, 1850

Franz Eybl

Me enteré de que existía este libro en casa de la Vaga, ya no recuerdo ni en qué circunstancias. La idea era que luego de conseguirlo ella, me lo prestaría, lamentablemente nunca lo consiguió porque me quedé con las ganas de leerlo hasta hace poquito que por fin logré poner mis manos sobre él.

“Las mujeres, que leen, son peligrosas” es un libro de Stefan Bollmann en el que el autor nos invita a recorrer con imágenes la historia de la lectura femenina. “Desde Rembrandt hasta Hopper, pasando por Matisse, Manet o Casas”

Las reproducciones de cuadros de diferentes épocas y estilos retratan mujeres leyendo; desde figuras religiosas como la virgen María, con cara de fastidio ante la visita del ángel Gabriel que anuncia un embarazo no deseado justo en medio del capítulo más interesante del libro, o María Magdalena, imaginada por dos artistas diferentes, enfrascada en la peligrosa actividad de la lectura, tramando vaya a saber qué cosas – y sí, ya sabemos todos que María Magdalena era una mujer maaaala. También aparecen mujeres que hicieron historia, como Madame Pompadour y Leonor de Aquitania, o personajes literarios como la desafortunada Francesca con su Paolo, pero la mayoría son mujeres anónimas que sólo tienen en común su amor por los libros. Niñas y ancianas, madres y vírgenes, aristócratas y criadas... todas leyendo.




Me gusta pensar que soy peligrosa, no a lo Gatúbela o Lilith, pero sí a lo mujerqueleedesdequeaprendióaleersiglosatrás, y por supuesto, a lo mujer insumisa, que, según el prólogo de la editora catalana Esther Tusquets, es la cualidad que mayormente se quería aplastar al limitar el acceso a la lectura a las mujeres:



Durante siglos han sido muchos los hombres a los cuales las mujeres que leen les han parecido sospechosas, tal vez porque la lectura podía minar en ellas una de las cualidades que, abiertamente o en secreto, a veces sin ni confesárselo a sí mismos, más valoran: la sumisión.

No creo que haya dudas con respecto a la veracidad de esa hipótesis, o los libros no hubieran sido tan celosamente guardados, elegidos o directamente prohibidos. Existen cientos de testimonios sobre esto, además, del puño y letra de filósofos, médicos, humanístas y sí, ¡hasta pedagogos!



La falta total de movimiento corporal durante la lectura, unida a la diversidad tan violenta de ideas y de sensaciones sólo conduce a la somnolencia, la obstrucción, la flatulencia y la oclusión de los intestinos con consecuencias bien conocidas sobre la salud sexual en ambos sexos, muy especialmente del femenino.
Karl G. Bauer (1791)

La lectura sin gusto ni reflexión representa un despilfarro insensato, un temor insuperable ante cualquier esfuerzo, una propensión ilimitada al lujo, un rechazo a la voz de la conciencia, un tedio de vivir y una muerte precoz.
Johann Adam Bergk (1799)

Las mujeres no deben seguir su propio juicio, dado que tienen tan poco.
Juan Luis Vives (1523)

Pero no hay duda de que las mujeres que leen son más o menos peligrosas para los hombres, más o menos peligrosas para sí mismas, según el tipo de literatura que consumen."

Esther Tourquets


Por supuesto, un punto que no toca este libro, aunque Esther lo menciona en su prólogo - et tu, Esther!, y que no es un punto menor, es la calidad de la lectura de las mujeres. Muchas veces se subestiman nuestras opciones al momento de leer, generalizándonos a todas como lectoras o autoras de la dudosa categoría de los “libros de mujeres” o "literatura femenina". No importa si nos decidimos por Corín Tellado o Doris Lessing. Pero bueno, eso ya es material para otra entrada.

Yo siempre digo que leo lo que me gusta, no lo que me debería gustar, y estoy cansada de que tilden mis elecciones de poco edificantes, o me miren como a una hereje (aunque ya estoy acostumbrada al epíteto, la verdad) si digo que nunca pude entrarle a "Cien años de soledad". Me consuelo pensando que en eso, como en tantas otras cosas, tampoco soy sumisa.






Stefan Bollman, "Las mujeres, que leen, son peligrosas", Ed. Maeva, 2007

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