Ayer en la Montevideo Cómics:
Hija 1: "¡Qué lindo, te compraste una Enterprise!"
Hija 2 (al ver mi cara): "¿No era la Estrella de la Muerte"?
...
Estas niñas no son hijas mías. ¡Vade retro, Satanás!
domingo, 17 de junio de 2018
Vade retro
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Red de seguridad
Es bueno saber que, como buen equilibrista en esta vida, una tiene una red de seguridad para que la sostenga en las caídas.
martes, 24 de enero de 2012
Durazno
martes, 12 de abril de 2011
Cigarrillos
Cigarrillos: debería dejarlos. La boca sin humo, las manos ociosas... un martirio. Si dejara los cigarrillos los añoraría; me sorprendería ante el labial que ahora dura y seguramente reviviría ese leve peso en los dedos, cual amputado que recrea la mano cercenada. No puedo imaginar vivir sin fumar, como no podía imaginar vivir sin ti.
Si mis manos ansiaran un cigarro, no penarían tanto el tacto de tu piel; mi boca seguiría roja, pero no por la pérdida de tus besos. No serías lo único que me hiciera falta.
Si me prohibiera los cigarrillos, tu ausencia estaría menos sola.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Subjetividad
El viernes con mis alumnos discutíamos cuál era la ciudad del amor. Ellas sostenían que París, los varones decían que Roma. Yo les pregunté si conocían alguna de las dos, y en qué basaban su opinión. Quedaron en blanco. Entonces otra de mis alumnas, una de bajo perfil que se había mantenido en silencio, dijo: “la ciudad del amor es Piriápolis.” Cuando la atacaron a preguntas, se encogió de hombros y contestó: “mi novio vive en Piriápolis.”
Hoy temprano manejaba por la rambla, disfrutando del sol y del mar, y me sentí feliz. Definitivamente, la ciudad del amor es Piriápolis: acá me enamoré dos veces.
lunes, 22 de marzo de 2010
Como el curry . . .
Me gusta el curry. Es un sabor penetrante, intenso, poco civilizado. Se come un poco y se siente rico, suntuoso en la lengua, pica la boca y se disfruta. Pero si es demasiado, se pone muy picante, tan picante que una desearía beber litros de agua y se promete no volver a comer curry nunca más.
Con todo, pasan los días y aparece el antojo de curry otra vez...
A veces, siento que las relaciones son como el curry: gratas, sabrosas, exuberantes. Pero a veces cambian, y se ponen demasiado escabrosas, irritantes. Entonces desearía que las cosas fueran diferentes; pero no hay caso, como con el curry, enseguida me alegro de que las cosas sean diferentes y quiero volverlas a paladear.
Extraño el curry, últimamente.
domingo, 10 de enero de 2010
Vórtice temporal
lunes, 19 de octubre de 2009
Confusión
lunes, 7 de septiembre de 2009
Sándwiches
Anoche soñé con sándwiches. Unos sándwiches altísimos, con capas y capas de ingredientes deliciosos entre dos pedazos de pan, como los de Lorenzo, ¿recuerdan? Debe ser porque estoy haciéndome la cabeza que tengo que empezar a hacer dieta; me invitaron a las termas en noviembre y quiero entrar en el traje de baño del año pasado. Pero cada vez que me decido a contar calorías Morfeo me traiciona vilmente, y empiezo a soñar con Lorenzo, o payasos pelirrojos o hasta ¡Puglia! – eso sí que es grave. Definitivamente, Morfeo tiene algo de sádico.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Eficiencia
El aire dentro de la habitación cerrada le supo hipnóticamente dulce. Inspiró profundamente. Ellos habían vivido allí, respirado allí; el aire apestaba a humanidad, a su piel, su aliento, su tibieza pulsante y roja. Cerró los ojos en la oscuridad, concentrándose; o se controlaba o enloquecería. Cazador sin presa no tiene razón de ser, y ya no quedaba ni un solo humano en el mundo. Los habían creado demasiado eficientes.
sábado, 22 de agosto de 2009
Cóctel de pecados capitales
domingo, 9 de agosto de 2009
Rojo
viernes, 7 de agosto de 2009
A dieta
jueves, 18 de junio de 2009
Pensándolo
se perfuma”
Rubén Darío
Mi pensamiento, se perfuma.
lunes, 9 de marzo de 2009
Certezas
lunes, 19 de enero de 2009
Llaves
domingo, 6 de abril de 2008
Pasión
Siempre me identifique con los faros.
No entiende.
Explíqueme.
Yo soy el faro, usted esa ola de pasión desbordante...
I am the lighthouse; you’re that wave of overwhelming passion...
martes, 11 de diciembre de 2007
t cuento q
No sé si sabían que Antel organizó, hace un par de meses, el '1º Concurso Nacional de Minicuentos por SMS'. Los cuentos no podían tener más de 160 caracteres (espacios incluidos) y debían ser enviados vía SMS al 827 o TC(uento)Q.
Muchísima gente decidió que tenía pasta de escritora y la convocatoria fue masiva. Casi 42.000 minicuentos fueron enviados al 827, y el jurado compuesto por los escritores Mario Delgado Aparaín, Helena Corbellini y Carlos Liscano anunció ayer a los seleccionados. El feliz ganador se hizo poseedor de una preciosa laptop y servicio de Internet por un año, los diez siguientes recibieron tarjetas de teléfono de 500 pesos y los 89 restantes aparecerán en el libro “T Cuento Q, el libro de los cien minicuentos” que publicará la Biblioteca Nacional.
Obviamente, yo también participé. Envié varios minicuentos al 827, pero no gané nada. Una pena.
Aunque en realidad no puedo decir que no ganara nada… Claro, no gané la laptop, ni 500 pesos en minutos, ni voy a aparecer en el libro, pero sí la satisfacción de que la mayoría de la gente que leyó mis cuentos me dijera que estaban lindos.
Incluso este blog es consecuencia directa de ese concurso, bajo sugerencia de la Vaga. “Escribís bien, guacha,” me dijo. “Deberías hacerte un blog.” Y como soy bien mandada, aparte de majadera y fanfarrona, acá tienen mi blog. Y mis minicuentos.
(Nótese que cada párrafo es un minicuento independiente, esto va para la Estrella)
Huélala. Muérdala despacio… deje que el jugo le endulce la boca. Arranque la pulpa y trague con gusto. Ahora imagine que soy yo.
Gruñe irritada: hambre. Necesita acostumbrarse, lo sabe. Pero vivir muerta -aun con sus ventajas- arruina la estética de todo. A ella nunca le gustó el rojo.
“Soltame,” le advirtió tranquila. Él no la escuchó y trató de besarla, una mano en su pecho. La navaja fue más elocuente. Se lavó las manos antes de irse.
Ofelia dormida entre lirios. Así te ves, amor, bajo el espejo del agua, ahora quieta. ¿Desde cuándo la muerte no es hermosa?
“Nunca hice algo así. Mi mujer, ¿sabe? Ella está-” La puta prendió un cigarro y arqueó una ceja. “¿Qué? ¿Fea, loca, de acuerdo?” Él le miró las tetas. “Muerta.”
Dejaré la ventana abierta, la cama sin llave. Mi cuerpo dispuesto esperándolo en ella. Pero no se equivoque, yo sí tengo candado, tranca y cerrojo.
Tenía la certeza de que moriría virgen. Con una mano de uñas muy rojas tironeó la sábana y le tapó la cara. Otro necio. No entendía por qué nunca le creían.
Abrió los ojos. Él dormía a su lado, la cara enérgica suavizada por el sueño. Besó el recodo de su boca, y lo oyó suspirar. Satisfecha, se volvió a dormir.
El leve aroma a limón y piel suave lo arrancaron del sueño. Una sonrisa invadió su rostro al recordar la noche pasada. La piel le hormigueó de deseo. Otra vez.
“El Diablo me obligó”, repetía una y otra vez. “Él me obligó.” A sus pies, la sangre se empozaba. Más allá, dónde sólo ella podía verlo, el Diablo sonreía.
El húmedo, secreto placer de su lengua buscando la mía era intoxicante. Por un momento que duró muy poco, mi mundo se redujo a él y el beso que compartíamos.
El puño se detuvo, al fin. El hombre evitó esos ojos fijos, pero por un momento, su mirada le acarició el cabello largo, ahora sin brillo. Luego se alejó, sin mirar atrás.
No dormía, aunque sus ojos cerraban. Los dedos de ella le recorrieron la cara, como tratando de tatuarla en su memoria. “¿Te dije que te amo?” “Hoy no.”
Ella se mordió el labio, irritada -un gesto demasiado femenino para esa cara deformada e hirsuta. “¡No otra vez!” La luna llena, de arriba, parecía burlarse.
Mi mujer siempre olía a limones recién partidos. Y era igual de ácida. Sigue siendo. Desde que la maté no he podido disfrutar de una limonada.
Un reencuentro casual. El café que se enfría en la taza. El sonido de tu voz me aturde y tus ojos me encandilan. Tu mano en la mía me trae a tierra. Nos olvidamos de la propina.
“¡No quise lastimarlo!” dijo desesperada. Se miró las manos rojas de sangre y luego al agente, implorante. “Es que el cuchillo se me escapó… veintidós veces.”
Ya es tarde para mí. Debí atender la advertencia tatuada en tu frente, pero alcanzó una probada de tu boca para contaminarme. Sos tóxico y no hay antídoto.
La desnudista se desprendió el top y lo lanzó al público. Los tipos saltaron para alcanzarlo, cual solteras en una boda soñando el ramo - aunque menos ferozmente.
Confusa, se miró los dedos rotos y al ángel ceñudo que la acusaba desde la cripta violada. Quiso respirar y no pudo. Recién ahí se dio cuenta de que estaba muerta.
Hoy es tu cumpleaños. Y acá estoy, viendo como la lluvia desborda pequeños ríos en el cristal mientras trabajo. No te culpo si no me esperás, yo no lo haría.
Ausente, miró la sangre en su brazo. Él la había cortado ahí, recordó, y más, antes que lo matara. El anillo de una lágrima clara se dibujó en el rojo, limpiándolo.




























