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lunes, 21 de septiembre de 2009

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In my (high) shoes

Díganme, ¿qué les da esa cosita ‘extra’ que los hace decir: “así estoy bárbaro, ¡vamo’ arriba!”? ¿Un vestido? ¿Unos vaqueros que les sientan perfectos? ¿Una corbata mágica? Para mí, son los tacos altos. Cuando uso zapatos de taco alto, ‘subo’ literalmente, en estatura y en ánimo. No es lo mismo enfrentarse al día con championes o sandalias chatas, que con mis botas de gamuza tostada y tacos de 7 cm.

Los zapatos son especiales, no hay como ellos. Podré no quedar conforme con cómo me queda lo que tengo puesto – malditos kilos (suspiro), el pelo no se habrá portado como yo deseaba o no me animaré a ir a trabajar con los labios pintados de rojo furioso, pero los zapatos... los zapatos siempre están bien.

Dijera Toni Collette en ‘In her shoes’

When I feel bad I like to treat myself. Clothes never look any good... food just makes me fatter... shoes always fit.

(Cuando me siento mal me gusta mimarme. La ropa nunca se ve linda... la comida solo me engorda... los zapatos siempre quedan bien.)

Hoy no me sentía demasiado contenta con tener que ir a trabajar; en medio de una semana de vacaciones, madrugar para pasar la mañana en la biblioteca no me atraía para nada. Al levantarme, instintivamente elegí ropa linda, me maquillé esmeradamente, armé mis rizos y, por supuesto, me calcé con mis botas altas. Inmediatamente el vaso pasó de medio vacío a medio lleno, y me sentí llena de energía para comenzar la jornada.

Hoy fue un día de tacos.


(Sin mencionar que hay un Congreso de Profesores de Física en mi liceo estos días, estar linda para un montón de físicos distraídos y estudiosos nunca está mal; me gustan los hombres de lentes, ¿les había dicho? No, creo que solo había mencionado mi locura por los fumadores... alguna que otra vez)


Así que díganme, a ustedes, ¿qué los hace sentir como un millón de dólares?

domingo, 20 de septiembre de 2009

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Sam Tsui . . . y hermanos

Antenoche vi el episodio preestreno de la nueva serie de Fox, ‘Glee’, y aunque la historia me pareció un intento de aprovechar la popularidad de ‘Highschool Musical’, me gustaron mucho los números musicales. Por eso hoy que me levanté tarde y medio abombada por tanto dormir, sin ganas de leer nada, y mucho menos escribir, me puse a buscar en YouTube la música de la serial.

La idea era escucharla mientras me hacía el café con leche, sobre todo quería oír su versión de Don’t stop believin’ de Journey. Pero vieron como es esto, imposible quedarse quieto en un sitio con Internet, o al menos a mí me resulta imposible. Entro a un sitio, y paso al siguiente, y me engancho con otro, y así sigo. Lo mismo me pasa con las canciones en YouTube.

En esa seguidilla musical, encontré un video de Sam Tsui (un muy joven estudiante norteamericano), quien también había hecho un cover de la canción Don’t stop believin’, y lo hice correr porque me resultó curioso eso de ver cinco chicos igualitos en la pequeña muestra que ofrece el sitio... ¿quintillizos acaso? Está tan bien hecho que se presenta la duda.

Podría parecer un poco vanidoso eso de cantar con uno mismo, con arreglos propios, mientras tres 'unosmismosmás' hacen el coro... pero en este caso, no lo es en absoluto. La verdad es que fue una grata sorpresa, tanto por el talento de Sam, como por la originalidad del video.

El trabajo es una colaboración entre Sam, quien canta, y su amigo Kurt Schneider, quien produjo ese arreglo espectacular. Sumamente disfrutable. Mírenlo a ver si les gusta tanto como a mí (si es así, les recomiendo también su ‘Medley’ (poupurrí) de Michael Jackson a capella).



He leído que no son pocos los artistas que comienzan a hacerse conocer por medio de Internet, aunque el mundo de la música, debo admitir, no es una parte importante de mi vida (no soy muy musical: escucho poca música, no sé casi nada del tema y no me preocupa decirlo). Pero bueno, como con todo, sé lo que me gusta, y si puedo poner mi pequeño granito de arena para que conozcan a este chico, acá está – lindo pensar en una entrada como un granito de arena, ¿no?

domingo, 13 de septiembre de 2009

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Arañando la superficie: Vhils

No hace mucho, para comentar en una entrada del blog de Nykaa sobre graffiti, me puse a investigar un poco porque se me había escapado el nombre de un artista reconocido que había tenido su inicio pintando muros. Como me suele pasar, después de encontrar lo que buscaba (el neoyorquino Jean-Michel Basquiat), seguí leyendo sobre el tema.

Me encanta eso de la red, ¿a ustedes no? Ese irse metiendo despacito y de a poquito en un tema e ir descubriendo joyitas a cada paso. A pesar de que no estoy demasiado de acuerdo con eso de ‘solo sé que no sé nada’ (me parece una apología a la ignorancia, yo diría: ‘solo sé que tengo todo para aprender’) la red nos da una lección diaria sobre la inmensidad de nuestra ignorancia.

La cosa es que leyendo sobre arte callejero descubrí una cantidad de artistas de los que no tenía ni idea, y de los cuales Basquiat podría haber sido el abuelo. El que más me impactó de todos ellos fue el portugués Alexandre Farto, o como se hace llamar, VHILS.

Alexandre Farto aka VHILS



Vhils es portugués, muy joven, y comenzó hace años ya (con solo trece añitos) a pintar paredes. Hoy en día continúa trabajando en las calles, pero también en el taller. En lo que se refiere al arte callejero, Vhils utiliza los materiales que encuentra en el lugar – más pintura, sprays, stencils, taladros, cinceles y martillos, claro – y le da una nueva acepción al término vandalismo: él destruye para construir. Rasga hojas de anuncios pegados, taladra las paredes, cincela los revoques y ‘araña la superficie’ hasta que lo que queda se convierte en arte. De esta forma logra resultados increíbles. Caras anónimas aparecen donde antes había solamente un muro desprolijo, paisajes de ciudades en stencil, rincones mágicos.

Vhils ha realizado recientemente exhibiciones en la galería Lazarides, así como en el proyecto Túnel 228 (un sector en desuso de la red de subterraneos de la estación Waterloo, en Londres, que se convirtió por un tiempo en exposición/show mostrando la obra de más de 20 artistas junto con actuaciones en vivo, dirigido por Kevin Spacey). También creó el video “Scratching the surface” (‘arañando la superficie’) donde muestra su proceso creativo en acción.

Su trabajo es sutil, novedoso, y muy hermoso; pero por favor, juzguen por ustedes mismos.


jueves, 10 de septiembre de 2009

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Tintín a tribunales

La Biblioteca de Brooklyn reconoció hoy que ha retirado de sus estanterías el cómic ‘Tintín en el Congo’, un ejemplar de los populares tebeos del belga Hergé (1907 -1983), que ha sido tachado de racista y que era el único que quedaba de acceso libre en las bibliotecas públicas de Nueva York.

La institución neoyorquina confirmó hoy a Efe que el libro en cuestión, la última copia que se podía consultar libremente en las bibliotecas públicas de la ciudad, ya no se encuentra junto al resto de sus títulos, sino en un espacio especial al que se puede acceder sólo si se pide una cita previa.

La medida de la Biblioteca de Brooklyn imita a la que tomó en su día la de Nueva York, en Manhattan, donde también se debe avisar con antelación para conocer las aventuras de Tintín en el país africano.
fuente Qué.es

Mbutu Mondondo Bienvenu, de 41 años, consideró ‘racista y xenófoba’ la actitud del joven reportero rubio de pantalones cortos en ‘Tintín en el Congo’ (1931) y pidió su prohibición en agosto de 2007, un mes después de que la Comisión británica para la Igualdad Racial pidiese, asimismo, que se impidiese la venta de ese álbum que, en su opinión resalta, ‘groseros estereotipos raciales’.

El actual relanzamiento de la acción se produce poco después de que la biblioteca municipal de Brooklyn (EEUU) haya trasladado a ‘Tintín en el Congo’ junto a otras obras ofensoras, como ‘Mein Kampf’, de Hitler, y ‘Trópico de Capricornio’, de Henry Miller, recordó ‘Le Figaro’, citando un comunicado de la sociedad Moulinsart.
fuente Abc.es



Supongo que no soy la única que se crió leyendo las aventuras de Tintín, pero para quienes no lo conozcan, ‘Tintín’ era un reportero adolescente de origen belga que, junto a su perrito Milú, recorría el mundo viviendo diferentes aventuras. También lo acompañan otros personajes memorables, como el Capitán Haddock, el Profesor Tornasol y los detectives Hernández y Fernández
(¿alguien puede explicarme por qué, si son gemelos, tienen apellidos diferentes?). La historieta fue creada por el belga Georges Remi, más conocido como ‘Hergé’, quien escribió e ilustró la primera aventura en 1930 y continuó publicando hasta 1976. 'Tintín en el Congo' es el segundo título de la serie, publicado en principio en entregas en un diario belga y luego recopilado y coloreado en un álbum en 1946.

Yo era ávida lectora de Tintín; me recuerdo sentada en la cama de mi amigo Hernán, uno al lado del otro, cada uno con su revista, leyendo por horas – Tintín y Asterix, esas eran nuestras dos pasiones entonces, ¡qué ingenuidad! Los releí muchas veces, las últimas cuando empecé a trabajar acá en la biblioteca. Por eso apenas leí la noticia anterior, me vine directamente a ver si nosotros también teníamos un ejemplar del conflictivo comic entre la colección de historietas. Por suerte así era, acabo de terminar de releerla nuevamente; necesitaba refrescar mis recuerdos sobre la aventura en el país africano antes de seguir.

‘Tintín en el Congo’ no es el único álbum problemático de Hergé, acusado de antisemitismo y anticomunismo por algunas otras de sus obras, a la vez que celebrado por el carácter ejemplar, modélico y visionario de muchas otras.”


Y sí, sin dudas no es la mejor entrega de la serie, la historia es floja y no sorprende demasiado; y sí, el trato que da Hergé a los congoleses es infantil y estereotipado. Hay algunos pasajes donde los retrata como haraganes y simples, y los hace hablar de sí mismos en tercera persona y nombrarse ‘negritos’. También mata demasiados animales – incluidos un gorila y un rinoceronte al que hace explotar, dos especies en peligro de extinción hoy en día.

Claro, esta lectura la puedo hacer hoy, de adulta; verlo como un ejemplo del pensamiento de la época (en Bélgica, al menos), aun con sus actuales aberraciones. Porque bueno, ¡esta historia se escribió en 1930! El mundo no era el mismo entonces, y sin dudas, ser políticamente correcto era hacer y decir cosas distintas que ahora. Además, Hergé estaba recién empezando a ejercitar sus músculos de creador, Tintín evoluciona a través de los años – Tintín y el mismo Hergé, que empieza a investigar a fondo los lugares en los que ubicaría al periodista adolescente antes de escribir sobre ellos (algo que admitió no haber hecho con el Congo en una entrevista sobre el tema).

Ahora, dicho todo esto, y sin disculpar a Hergé por su poca previsión por susceptibilidades futuras (o ser blanco, católico y nacido en un país colonialista), en mi opinión el tema no es si ‘Tintín en el Congo’ es racista o no, sino la actitud de retirar del alcance del público general una obra por encontrarla ofensiva.


Este tipo de actitudes 'políticamente correctas' (políticamente correctas aggiornadas, obvio) me fastidian de sobremanera. Decir que no se censuró un libro solamente porque no lo quemaron en una hoguera en medio de la plaza, es totalmente irrisorio. El libro está censurado y listo, ¿conseguir una cita para leer una historieta? Absurdo.

John Wayne se inmortalizó matando indios y el padre de Tabaré quedó plasmado en la ‘epopeya nacional' como un charrúa borracho y violador, pero... ¿a alguien se le ocurrió llevarlos a tribunales alguna vez? ¿Prohibir los sábados de Westerns de TNT, o demandar a los descendientes de Zorrilla de San Martín? ¿Nadie vio Rambo acaso? El conteo de muertos en la segunda película es altísimo, y creo recordar que en su momento alguien se excusó diciendo: “pero eran vietnamitas”. Y ahí no hay disculpa que valga, Rambo II no se estrenó en los 30.

Existen millones de obras que agreden de una u otra manera a diferentes grupos, que atentan contra lo que algunos consideran buenas costumbres o tienen ilustraciones que pueden ofender ciertas sensibilidades, entre muchas de las cosas que pueden hacer ‘censurable’ un libro, una película o una canción. ¿Empezarán a encerrarlos a todos en una piecita oscura, a ver si languidecen y mueren? ¿Quién decide qué se puede leer y qué no?

La gente tiene derecho a leer – y escribir – lo que se le ocurra, solo así se puede empezar a ser libre, conociendo y eligiendo.

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