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lunes, 19 de agosto de 2013

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Mujeres por la ciudad

Hace un par de meses apareció en la esquina de la Avenida Piria y la calle Tucumán, en pleno centro de nuestra ciudad de Piriápolis, una figura femenina, esquemática, blanca y solitaria, sin explicación ninguna.

Mis hijas y yo estábamos muy intrigadas sobre qué significaba esa muñeca, allí parada, día tras día. Como aparecía frente a una cebra, la hipótesis de mi hija menor era que indicaba el paso peatonal, pero mi hija mayor precisó, con mucha lógica, que era una ‘nena’, así que la hipótesis no se verificaba. Tampoco parecía estar dando un mensaje, ni ofreciendo un servicio o producto; era una total incógnita.


Pues bien, la incógnita se develó un par de semanas después: esa ‘muñeca’ se llamaba Rebecca, y era parte de la campaña "Mujeres por la ciudad", que, además de en mi ciudad, también se implementó en otras localidades de Uruguay, así como en varias ciudades de Sudamérica como Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Medellín, Bogotá, Lima, Santiago de Chile y Ciudad de México.

El tema es que todos en Piriápolis, y en todas esas otras ciudades de América, fuimos parte de un experimento urbano que expuso, simbólicamente, a estas mujeres a nuestras comunidades durante 15 días.

La cosa funcionó así, la campaña teníatres etapas:
En primer lugar, se colocaron de incógnita siluetas de mujeres perfectamente pintadas en diferentes puntos de las ciudades y se las dejó libradas a su propia suerte.

La segunda etapa consistió en que luego de un período de exposición de unos 15 días aproximadamente, las siluetas fueron intervenidas por un cartel que explicaba el motivo de la instalación: "¿Ahora lo ves? la violencia hacia las mujeres también está en la calle."

En tercer lugar, se convocó a un evento de recuperación al que se invitó a la ciudadanía, autoridades y a un grupo de artistas con la misión de devolverle “la integridad a cada mujer” limpiando y decorando las siluetas, para luego exponerlas en diferentes lugares de la ciudad.

Por suerte, Piriápolis fue bastante respetuoso con Rebecca: le pintaron botones y moña, una boca sonriente y, del lado de atrás, unas referencias deportivas que no entendí (soy de terror para eso). Sin embargo en la mayoría de las otras ciudades los resultados fueron desastrosos: les estamparon palabras o dibujos insultantes  -la mayoría de índole sexual, las agredieron, y a algunas hasta las tiraron al piso... No voy a repetir aquí los improperios, pero siempre quedaba muy claro que los insultos, dibujos o agresiones estaban dirigidos a una mujer.

La idea era evidenciar un problema que existe en nuestra sociedad - la violencia contra la mujer, y en este sentido, creo que la experiencia tuvo el resultado esperado. Está claro que nadie puede negar la inseguridad que existe para las mujeres en la mayoría de las ciudades del mundo: no es un tema nuevo, pero este tipo de acciones deja esa violencia en evidencia e invita a la gente a reflexionar, informarse y opinar sobre el tema.

Para mí, la reflexión ya es un éxito en sí misma. Chapeau a quienes cranearon esta experiencia y la pusieron en práctica, me pareció realmente muy buena.

Otra cosa que quería compartir con ustedes es que, aquí en Piriápolis, la tercera etapa de la campaña estuvo a cargo de nuestras alumnas de 6º año de Arte y Expresión, que dirigidas por mi compañera Beatriz, profesora de Arte y Comunicación Visual, trabajaron mucho para devolverle la belleza a Rebecca y dejar su mensaje bien claro. Chapeau para todas ellas también.









La campaña "Mujeres por la Ciudad" se realizó en el marco del Programa Regional "Ciudades sin violencia hacia las mujeres, ciudades seguras para tod@s" llevado adelante en ciudades de América Latina con el apoyo de ONU Mujeres y AECID. En Uruguay la llevó adelante Cotidiano Mujer.

sábado, 19 de febrero de 2011

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Wolverine en Piriápolis

We can dance if we want to
We've got all your life and mine
As long as we abuse it
Never gonna lose it
Everything will work out right
Men at work







Les gusta el té helado? Lo que soy yo, estoy loca por probarlo desde que 'Wolverine' nos visitó en octubre para filmar un comercial de ‘Lypton Ice Tea’.

Como pueden imaginarse, fue toda una revolución; sobre todo porque necesitaban gran cantidad de extras para el comercial y medio Piriápolis se presentó al casting. Varias de mis alumnas fueron seleccionadas y volvieron con los ojitos llenos de estrellas por haberse codeado con Hugh Jackman (no las culpo, ¡es Wolverine!). El comentario fue que es un hombre agradable y que sabe decir ‘hola’ muy bien.

Imperdonable habérmelo perdido, no lo vi ni de lejitos...

Pero bueno, para lucirme un poco con mi ciudad, les pongo el comercial ahí abajo. Las escenas en la playa son todas filmadas en Piriápolis, y las de ciudad, en Montevideo, la capital del país.

We can dance!!



domingo, 7 de noviembre de 2010

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Subjetividad

El viernes con mis alumnos discutíamos cuál era la ciudad del amor. Ellas sostenían que París, los varones decían que Roma. Yo les pregunté si conocían alguna de las dos, y en qué basaban su opinión. Quedaron en blanco. Entonces otra de mis alumnas, una de bajo perfil que se había mantenido en silencio, dijo: “la ciudad del amor es Piriápolis.” Cuando la atacaron a preguntas, se encogió de hombros y contestó: “mi novio vive en Piriápolis.”

Hoy temprano manejaba por la rambla, disfrutando del sol y del mar, y me sentí feliz. Definitivamente, la ciudad del amor es Piriápolis: acá me enamoré dos veces.

sábado, 5 de septiembre de 2009

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Biblioteca, pinturas y burocracia

Cuando se inauguró la biblioteca del liceo de Piriápolis, ésta de donde escribo ahora, se hizo con bombos y platillos. La verdad es que la ocasión lo ameritaba, pasábamos de tener una biblioteca que le robaba espacio a un corredor, a un espacio luminoso y fresco de casi 200 metros cuadrados; de un lado grandes ventanales nos dejan ver el mar – la biblioteca está en el segundo piso – y del otro los famosos cerros que hacen tan diferente a esta ciudad del resto de los balnearios uruguayos. Un antiguo mostrador de madera, donación del Banco República, separaba espacios, y mesas y sillones invitaban al estudio y la lectura.

pinturas biblioteca Liceo de Piriápolis

En aquel momento, la directora de turno, logró que los artistas de la zona donaran obras para armar una pinacoteca y adornar las paredes de la novel biblioteca. Recibimos casi 50 pinturas de diferentes pintores, incluyendo un José Luis Invernizzi (artista que da nombre al liceo). La mayoría de ellas aún lucen en los muros de la biblioteca, pero esto no hubiera sido así si no fuera por la previsión de algunos funcionarios del liceo.

Cuenta la bibliotecaria que estaba en aquel momento, que no mucho tiempo después llegaron a la biblioteca tres funcionarios de Secundaria, una mujer con aspecto de tener cierta autoridad y dos hombres que la seguían como perritos. Muy maleducados ellos, entraron al recinto y no se molestaron ni en saludar, poniéndose enseguida la señora a ordenar a los otros dos que midieran las pinturas, mientras ella llenaba una planilla de inventario que traía consigo. Después de un par de horas – eran muchos cuadros – los hombres sacaron papel Manila y ese nylon con burbujitas que es tan divertido hacer explotar, y se dispusieron a descolgar y empacar los cuadros.

Mi compañera, que había pasado las dos horas mirando a los tres trabajar sin decir una palabra, se acercó entonces a los funcionarios, y preguntó a la mujer qué estaban haciendo. El diálogo debió ser más o menos como sigue (o eso cuenta Grace):

“Estamos empacando los cuadros para retirarlos de la biblioteca,” contestó la mujer, con el tono de quien está contestando una pregunta obvia, y sin molestarse en mirar a su interlocutora, como no lo había hecho desde que había entrado.

“Disculpe,” le dijo Grace. “Pero eso será imposible. No puede llevarse los cuadros.”

“Por supuesto que puedo. Estos cuadros son propiedad de Enseñanza Secundaria; tenemos orden de medirlos, inventariarlos y llevárnoslos para su redistribución.”

“Le repito,” contesto ella, “que no pueden llevarse los cuadros. Estas pinturas no le pertenecen al liceo, fueron prestadas por los artistas.”

Recién en ese momento la mujer se molestó en prestarle toda su atención a la bibliotecaria, o sea, mirarla. “No tengo conocimiento de eso, profesora, como ya le digo, me indicaron retirar los cuadros del liceo para su predistribución en otras oficinas. Discúlpeme, pero debemos seguir trabajando.”

Ahhh, ¡pero qué lindo es tener un as en la manga! ¿no? Me hubiera encantado ser Grace esa tarde cuándo sacó de una carpetita una coqueta carta firmada por más de una veintena de artistas, incluyéndola (Grace es pintora y también tenemos un cuadro suyo en la colección), donde se estipulaba con claridad que todas las pinturas que lucían las paredes de la Biblioteca del Liceo de Piriápolis habían sido cedidas en préstamo y que podrían exhibirse en ella siempre y cuando no saliesen de la institución.

La mujer le quitó la carta de malos modos para leer por sí misma la voluntad de los artistas. Cuando terminó, malhumorada, le preguntó a mi compañera:“Y si ya sabía de esta disposición, ¿por qué no nos avisó hace dos horas, antes de que empezáramos el trabajo?”

“Usted no se molestó en saludarme, ni en decirme a qué había venido; pensé que se merecía la misma cortesía,” respondió Grace, que nunca tuvo pelos en la lengua.

El tema es que los cuadros quedaron en su lugar – después de la salida teatral de la Srta. Secundaria en un revuelo de papel marrón, burbujitas de nylon y las sonrisas cómplices de los dos empacacuadros – y que ahora yo estoy sentada acá, aburrida en esta mañana de sábado, sin un solo alumno en la biblioteca desde hace al menos una hora y pensando cuánto más aburrida estaría si no pudiera perderme en esos paisajes de cerros y mar.

Es increíble, pero una iniciativa de la institución, para decorar un ambiente nuevo, casi termina en la satisfacción de los jerarcas de Enseñanza Secundaria. Seguro a los Consejeros les gustaría tener alguno de estos cuadros colgado de las paredes de sus oficinas. Afortunadamente, se quedaron con las ganas.


pinturas biblioteca Liceo de Piriápolis

Es bueno ser previsor, ¿no? Los artistas de muy buena gana hubieran donado las obras al liceo directamente, pero conciendo el organismo para el que trabajamos, algunos docentes propusieron esa 'cláusula de seguridad'. Si no son nuestras, no son del Estado, y si no son del Estado, no pueden disponer de ellas. De esta forma, mientras exista el liceo las pinturas estarán acá y todos, alumnos y profesores -y algún Consejero si quiere venir a visitarnos, las disfrutaremos.


pinturas biblioteca Liceo de Piriápolis



pinturas biblioteca Liceo de Piriápolis




















Estos son algunos de los cuadros que más me gustan, tengo que averiguar quiénes son los artistas y los publicaré, así los conocen.


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