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lunes, 27 de octubre de 2008

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Al teléfono

Tirada en el sofá, a oscuras, hablaba por teléfono. Él estaba lejos, pero las distancias se acortaban con la tecnología, haciendo más soportables las ausencias. A veces era Internet, entonces jugaba con las palabras como si fueran letras en un Scrabble, eternos ejercicios dialécticos que la divertían y la desafiaban, de resultados inesperados, pero casi siempre gratos. Otras veces, como esa noche, era su voz del otro lado del cable la que la hacía bullir y disolverse en líquido al mismo tiempo. Alguna risa perdida, algún susurro, siempre divertida y perpetuamente excitada.

“¿Sabés...?” le preguntó él muy serio, interrumpiendo la conversación que venían teniendo, casi como si hubiera estado guardándose algo difícil de contar y no pudiera esperar para sacárselo de adentro. Ella le dijo que no, que no sabía, y contuvo el aliento, un poco temerosa ante las innumerables y nefastas posibilidades. “Te puedo oler desde acá.”

La mujer se rió ante ese gran anuncio, aliviada y divertida a la vez. Relajándose nuevamente, arqueó una ceja y preguntó: “¿Me olés desde ahí? ¿Qué olés?”

“A vos.”

Ella insistió. “¿Y a qué huelo?”

Su voz sonaba irritada cuando contestó: “¡Mi Dios, olés a vos!”

La respuesta tenía tal convicción y autosuficiencia, que la mujer no pudo resistirse. Incorporándose en el sofá, se sentó a lo indio y enroscó el cable del telefono en su muñeca, casi como un estrangulador lo haría antes de atacar.

“Bueno, vos olés rico y picante. Es una mezcla de espuma, tabaco y el aroma propio de tu piel. Siempre el mismo, además. Olés sabroso, tibio y fresco a la vez.”

Deslizando sus dedos por el cable enredado, cual si fueran sus manos, siguió. “El olor a tabaco en tus dedos es más pronunciado, intenso y desvergonzado, casi pecaminoso. Es un olor que me enloquece.”

Él solo respondió con un 'ajá' extrañamente ronco, así que ella siguió provocando. “Tu sexo también tiene un olor especial, huele a... pan caliente, algo así, un olor familiar, seductor y sensual.”

“¿Sí?”

“Sí. Adoro su olor.” Ella sonrió y su sonrisa, reluciente en la oscuridad, ya se parecía a la del Gato de Cheshire. “Me encanta como hueles, pero cuando estamos juntos el olor de tu piel cambia, se enreda con el mío y se convierte en un aroma áspero y almizclado, casi empalagoso. Olor a sudor y pasión.”

Lo oyó exhalar; lo imaginaba con el tubo del teléfono presionado contra su oído, inmóvil, atrapado por sus palabras como un pez en un anzuelo verbal.

“Tu boca, tu aliento, huele a una mezcla de menta fresca y tabaco otra vez; ahí el olor se confunde con los sabores, claro. Tu saliva es limpia y dulce, como el agua.”

Ella esperó un par de segundos, disfrutando del sonido irregular de su respiración, antes de dar el golpe de gracia. “Así que cuando te pregunte a qué huelo, no me digas: '¡mi Dios, olés a vos!'”

Tuvo que apartar el tubo de su oído, tan fuerte fue la carcajada que le respondió, y ella le hizo eco con su propio deleite. Cuando dejaron de reír, pudo al fin preguntar:

“Te tapé la boca, ¿no?”

“Sí.” dijo él, casi sin aliento por la risa.


7 comentarios:

Santiago

Hola. Sí, el original también es mío. No lo coloqué porque sería excesivamente largo para los lectores de blogs, acostumbrados a leer cosas más breves.
Muchas gracias por tus palabras.
Sobre tu blog, esta frase me parece brutalmente maravillosa: “El olor a tabaco en tus dedos es más pronunciado, intenso y desvergonzado, casi pecaminoso. Es un olor que me enloquece.”
¿Ya has votado en ficción?
Un beso,
s

Pedro Escudero

Un texto muy bello. Me he quedado con una sonrisa bobalicona al leerlo. Has captura muy bien ese momento de intimidad.


Un saludo,


Pedro.

CreatiBea

Precioso el modo como describes la distancia y el acercamiento que se produce con una llamada teléfonica. Tan lejos y tan cerca a la vez...
He podido percibir y hasta casi sentir la intimidad de ese instante.

Los olores acercan, unen, recuerdan...
Genial el post.

Un abrazo

Ana Laura

Bea: para mí el sentido del olfato es el más evocador de todos, el mayor disparador de la memoria, sobretodo la que está unida a sensaciones o sentimientos. Los aromas van derechito a la parte del cerebro menos civilizada de todas, el sistema límbico, y ahí hacen de las suyas (creo que esto es material para una entrada... jaja, tal vez la escriba).

Me alegro mucho que te gustara el cuento, es muy especial para mí porque está basado en una conversación real. Claro que yo la embellecí un poco, pero sucedió.

Saludos y gracias por venirte a leerlo :)

CreatiBea

Me imaginé que era real, no sé porqué... quizás es que ya nos vamos conociendo un poco... o que has conseguido que desprenda tanta intensidad que te imaginaba a ti al teléfono mientras leía...

Besos

Y vos, ¿qué opinás?

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