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martes, 11 de diciembre de 2007

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t cuento q

No sé si sabían que Antel organizó, hace un par de meses, el '1º Concurso Nacional de Minicuentos por SMS'. Los cuentos no podían tener más de 160 caracteres (espacios incluidos) y debían ser enviados vía SMS al 827 o TC(uento)Q.

casi 42.000 minicuentos fueron enviados al 827

Muchísima gente decidió que tenía pasta de escritora y la convocatoria fue masiva. Casi 42.000 minicuentos fueron enviados al 827, y el jurado compuesto por los escritores Mario Delgado Aparaín, Helena Corbellini y Carlos Liscano anunció ayer a los seleccionados. El feliz ganador se hizo poseedor de una preciosa laptop y servicio de Internet por un año, los diez siguientes recibieron tarjetas de teléfono de 500 pesos y los 89 restantes aparecerán en el libro “T Cuento Q, el libro de los cien minicuentos” que publicará la Biblioteca Nacional.

Obviamente, yo también participé. Envié varios minicuentos al 827, pero no gané nada. Una pena.

Aunque en realidad no puedo decir que no ganara nada… Claro, no gané la laptop, ni 500 pesos en minutos, ni voy a aparecer en el libro, pero sí la satisfacción de que la mayoría de la gente que leyó mis cuentos me dijera que estaban lindos.

Incluso este blog es consecuencia directa de ese concurso, bajo sugerencia de la Vaga. “Escribís bien, guacha,” me dijo. “Deberías hacerte un blog.” Y como soy bien mandada, aparte de majadera y fanfarrona, acá tienen mi blog. Y mis minicuentos.

(Nótese que cada párrafo es un minicuento independiente, esto va para la Estrella)

Huélala. Muérdala despacio… deje que el jugo le endulce la boca. Arranque la pulpa y trague con gusto. Ahora imagine que soy yo.


Gruñe irritada: hambre. Necesita acostumbrarse, lo sabe. Pero vivir muerta -aun con sus ventajas- arruina la estética de todo. A ella nunca le gustó el rojo.


“Soltame,” le advirtió tranquila. Él no la escuchó y trató de besarla, una mano en su pecho. La navaja fue más elocuente. Se lavó las manos antes de irse.


Ofelia dormida entre lirios. Así te ves, amor, bajo el espejo del agua, ahora quieta. ¿Desde cuándo la muerte no es hermosa?


“Nunca hice algo así. Mi mujer, ¿sabe? Ella está-” La puta prendió un cigarro y arqueó una ceja. “¿Qué? ¿Fea, loca, de acuerdo?” Él le miró las tetas. “Muerta.”


Dejaré la ventana abierta, la cama sin llave. Mi cuerpo dispuesto esperándolo en ella. Pero no se equivoque, yo sí tengo candado, tranca y cerrojo.


Tenía la certeza de que moriría virgen. Con una mano de uñas muy rojas tironeó la sábana y le tapó la cara. Otro necio. No entendía por qué nunca le creían.


Abrió los ojos. Él dormía a su lado, la cara enérgica suavizada por el sueño. Besó el recodo de su boca, y lo oyó suspirar. Satisfecha, se volvió a dormir.


El leve aroma a limón y piel suave lo arrancaron del sueño. Una sonrisa invadió su rostro al recordar la noche pasada. La piel le hormigueó de deseo. Otra vez.


“El Diablo me obligó”, repetía una y otra vez. “Él me obligó.” A sus pies, la sangre se empozaba. Más allá, dónde sólo ella podía verlo, el Diablo sonreía.


El húmedo, secreto placer de su lengua buscando la mía era intoxicante. Por un momento que duró muy poco, mi mundo se redujo a él y el beso que compartíamos.


El puño se detuvo, al fin. El hombre evitó esos ojos fijos, pero por un momento, su mirada le acarició el cabello largo, ahora sin brillo. Luego se alejó, sin mirar atrás.


No dormía, aunque sus ojos cerraban. Los dedos de ella le recorrieron la cara, como tratando de tatuarla en su memoria. “¿Te dije que te amo?” “Hoy no.”


Ella se mordió el labio, irritada -un gesto demasiado femenino para esa cara deformada e hirsuta. “¡No otra vez!” La luna llena, de arriba, parecía burlarse.


Mi mujer siempre olía a limones recién partidos. Y era igual de ácida. Sigue siendo. Desde que la maté no he podido disfrutar de una limonada.


Un reencuentro casual. El café que se enfría en la taza. El sonido de tu voz me aturde y tus ojos me encandilan. Tu mano en la mía me trae a tierra. Nos olvidamos de la propina.


“¡No quise lastimarlo!” dijo desesperada. Se miró las manos rojas de sangre y luego al agente, implorante. “Es que el cuchillo se me escapó… veintidós veces.”


Ya es tarde para mí. Debí atender la advertencia tatuada en tu frente, pero alcanzó una probada de tu boca para contaminarme. Sos tóxico y no hay antídoto.


La desnudista se desprendió el top y lo lanzó al público. Los tipos saltaron para alcanzarlo, cual solteras en una boda soñando el ramo - aunque menos ferozmente.


Confusa, se miró los dedos rotos y al ángel ceñudo que la acusaba desde la cripta violada. Quiso respirar y no pudo. Recién ahí se dio cuenta de que estaba muerta.


Hoy es tu cumpleaños. Y acá estoy, viendo como la lluvia desborda pequeños ríos en el cristal mientras trabajo. No te culpo si no me esperás, yo no lo haría.


Ausente, miró la sangre en su brazo. Él la había cortado ahí, recordó, y más, antes que lo matara. El anillo de una lágrima clara se dibujó en el rojo, limpiándolo.

6 comentarios:

Willy

Hola como estás... tanto tiempo.
Yo también mande un par de cuentos y tal como vos... no gane nada :(
Me gustó tu blog, otro día con mas tiempo le doy una recorrida más profunda.
Besos.

Ana Laura

Gracias, y lamento también. Aunque, honestamente, desconfío que hayan leído todos los cuentos... eran más de cuarenta mil al fin y al cabo!!!

S. Cid

Algunos son muuuuyyyyy buenos. Y, sobre todo, hay que ser muuuuyyyy buena en esto... para decir tanto en tan poco espacio.

¡Caray!, me has dejado... con la boca abierta.

Saludos.

S. Cid

Ana Laura

Muchas gracias, S., me siento muy halagada.

Me entusiasmé cuando convocaron al concurso y estaba muy inspirada; si hago cuentas, creo que fue este concurso el que inició la cadena de sucesos que culminó en crear el blog. Creo que gané más que la laptop al final. :)

nadasepierde

Me gustaron mucho tus microcuentos. Es muy dificil elegir entre ellos... me imagino lo dificil que habrá sido elegir entre la cantidad que había... pero tener un blog es lindo y salen a la luz... que es lo importante, no??

un beso

Ana Laura

Gracias!! La verdad es que me había entusiasmado en su momento, y la producción fue fecunda, jaja. Pero claro, ¡había 42.000 cuentos para leer!!! Realmente debió ser muy difícil elegir entre tantos. Al final, como bien dices, mi premio fue muy superior al que ofrecía Antel; el blog sigue acá y los tengo a todos ustedes que me leen.

Saludos!!

Y vos, ¿qué opinás?

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