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domingo, 27 de junio de 2010

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José Ángel Valente o la cortedad del decir

“En el principio fue el verbo”
Juan 1:1-5



Mi director muchas veces me pide que lo asista con los temas informáticos, así que hago gráficas, retoco fotografías, o a veces le busco información sobre temas o artistas en Internet. Ninguna de estas cosas me molesta, en general todo lo que tiene que ver con la informática me gusta, y además, tiene sus beneficios. Yo le llamo 'serendipia inducida', porque investigar sobre lo que él me pide, suele abrirme puertas para que yo siga revolviendo -como en esas mesas de ropa en una liquidación- en otros temas que se conectan y me llaman la atención. Así me pasó con Gao Xingjian; y así me pasa ahora con José Ángel Valente y ‘Tres Lecciones de Tinieblas’.

José Ángel Valente (1929-2000) es un poeta y ensayista español, ganador de diferentes premios, incluyendo el Príncipe de Asturias de Letras en 1988 y el Premio Nacional de Literatura en forma póstuma en el 2000. ‘Tres Lecciones de Tinieblas’ es un pequeño poemario escrito entre 1978 y 1980.

Lo que me atrapó de Valente, aparte de una poesía que parece transparente y me gustó mucho –y yo no soy demasiado adepta a la poesía, si he de ser honesta– es lo que leí sobre él una vez que dejé de leer poemas y me empecé a interesar por el autor. Tal vez mi lectura del poeta esté equivocada, y yo haya entendido todo al revés, pero intentaré explicarme.

La lingüística me interesa, soy profesora de lenguas al fin y al cabo, aunque no enseñe español, y trato de escribir aunque no sea escritora. Sin embargo, como con todas las otras cosas que hago aparte de escribir en mi blog, intento hacerlo de la mejor manera posible.

Dentro de ese esquema, me tiene bastante preocupada el tema de la ortografía y la gramática: los signos de puntuación bien usados me enloquecen y los tildes diacríticos me mortifican. Releo varias veces cada entrada y sigo corrigiendo aún después de publicar; claro que tengo la ayuda de mi madre que funciona como editora – mamá es profesora de idioma español y aunque ya no ejerce, sigue teniendo ojo de águila para los errores, que por suerte cada vez son menos. Pero ese es sólo un eje de lo que es escribir. Saber unir las palabras en una forma adecuada, manejar la ortografía, sintaxis, gramática... es estructura. Y la estructura es importante, todo texto la necesita, pero sobre todo, necesita contenido.

El tema del contenido me obsesiona todavía más, pero ahí sí que no puedo hacer nada; uno puede aprender cómo escribir correctamente: elegir bien entre poner una coma o un punto y coma, o saber cuándo ‘cuando’ lleva tilde y cuándo no (¡qué entrevero!); digamos que si uno hace bien los deberes, todo eso se puede aprender. Pero no se puede ‘aprender’ a tener cosas para decir... eso ya es harina de otro costal, un costal que no se vende en las tiendas, además; y saber cómo decir cuando hay qué decir, es harina todavía más blanca de otro costal mucho más pequeño y exclusivo.


Ustedes se preguntarán qué tienen que ver Valente y sus lecciones de tinieblas con mi estructura y contenido, supongo, pero bueno, déjenme llegar. Valente tampoco es lingüista, pero tiene sus propios conceptos sobre el lenguaje y las palabras que ‘resonaron’ conmigo.

‘Tres Lecciones de Tinieblas’, escrito entre 1979 y 1980, es un libro pequeño de catorce poemas, que se dividen en tres ‘lecciones’. La primera de las tres secciones, la ‘Primera Lección’, consta de cinco poemas, la segunda lección cuatro poemas y la tercera cinco de nuevo; cada poema tiene por título una letra del alfabeto hebreo.

Como dice el propio Valente: ‘Contempladas en su conjunto, las lecciones ofrecen dos ejes. Un eje vertical y un eje horizontal. El eje vertical es el de las letras, que permitirían leer, como en un acróstico, todo el lenguaje y en él toda la infinita posibilidad de la materia del mundo. El eje horizontal es el eje de la historia, el eje de la destrucción, de la soledad, del exilio, del dolor, del llanto del profeta.’

Es el eje vertical el que me interesó: el lenguaje y sus infinitas posibilidades. Es el qué decir y el cómo decir. Pero también es – en mi lectura lega – esa realidad que el lenguaje no logra expresar, pero que está contenida en el lenguaje mismo; todo lo que se ha dicho y se puede llegar a decir, usando siempre las mismas palabras. El lenguaje tiene la capacidad de decir cosas, pero a la vez tiene un carácter lineal y sucesivo que lo limita, a eso llama Valente ‘la cortedad del decir’. El concepto tiene una sencillez y a la vez una complejidad que me impresionó.

Sin ninguna duda ésta es una lectura muy superficial de un autor con ideas muy complejas, pero es la que puedo hacer aquí y ahora. Me gustaron mucho sus poemas, son breves, livianos de palabras y muy elocuentes, tiene qué decir y sabe cómo decirlo; y sé bien que cuando Valente habla de la cortedad del decir se refiere a otra cosa, pero pienso que la frase también se puede aplicar a esa economía de medios admirable que utiliza para expresar tanto con tan poco.



De la primera lección de ‘Tres Lecciones de Tinieblas’ y precisamente en el tema de los ejes:

Dalet
Tejí la oscura guirnalda de las letras: hice una puerta: para poder cerrar y abrir, como pupila o párpado, los mundos.



Y en otro tema, pero igual de elocuente... (¿les dije alguna vez que me apasiona la erótica bien escrita?)

El temblor
La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz,
bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.



Los invito a leer más poesía de este autor, por ejemplo, aquí, aunque supongo que mis lectores españoles ya lo conocerán bien.



Imagen:‘Emotional’ de ~marlafinger

domingo, 20 de junio de 2010

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Sirenas underground Arte en el Metro

El título de la entrada suena extraño, ¿verdad? Pero exactamente eso fue lo que pensé cuando vi estas fotografías: hermosas sirenas bajo tierra. Me encontré con esa imagen por casualidad, y estuve investigando un poco, como siempre que me interesa algo – o sea, serendipeando, para variar. Y aunque me frustré bastante cuando encontré muy poca información, seguí el consejo de los más sabios (ese que dice ‘persevera y triunfarás’) y ¿saben qué? Triunfé.

En el año 2009, las autoridades de GVB Ámsterdam (transporte público de la ciudad), decidieron dar una lavada de cara a los vagones grises de su metro y llenar los fríos y metálicos corredores con... arte. Cerca de cuarenta artistas fueron seleccionados con sus proyectos para dar vida a los vagones dobles de las líneas 50, 53 y 54 de la ciudad. A veces dibujos, otras fotos o una combinación de ambos, las distintas obras ofrecen algo para todos. Imagino que subirse a estos metros siempre será una aventura de descubrimiento. “Arte en el Metro” es una iniciativa de la Municipalidad de Ámsterdam, en colaboración con el Amsterdams Fonds voor de Kunst (Fondo de Ámsterdam de las Artes) y la Kunstenaars&CO (Artistas & Co).

La mayoría de los proyectos me gustaron, llevan luz y color a un espacio naturalmente oscuro y sucio (los invito a visitar el sitio de la GVB, y me comentan), pero, no sorprendentemente, volví a encantarme con las imágenes de las sirenas underground.

Como todos los demás artistas, el estudio de diseñadores holandés 'Million Dollar Design' personalizó dos vagones de la línea de metros, pero lo hizo de una manera muy especial: las imágenes casi mágicas de un fondo del mar lleno de criaturas fantásticas me impactó.

El viajero navega por un mundo cambiante lleno de sirenas delicadas, pulpos y tortugas esquivos, y escuelas de peces de colores. En uno de los vagones predomina el color verde, que recuerda el mar más profundo y a sus extrañas criaturas; el otro favorece el color púrpura porque acerca a la superficie, con peces tropicales, anémonas y medusas, y el brillo del sol bajo el agua...

¿Quién no querría viajar así?







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